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viernes, 6 de mayo de 2016

La gran idea de Sofia.

Imagen de cat, girl, and cute

La gran idea de Sofia.

El otro día vino una mujer muy extraña al colegio, tenia un pelo muy rizado y corto, vestía con un poncho enorme y trajo un enorme carro de la compra, nos explico que había muchos niños como nosotros pasando hambre en un lugar del mundo y pidió que trajéramos productor como arroz, macarrones o cualquier tipo de pasta o legumbre. Nos dio un papel para que nuestros padres estuvieran atentos a la actividad y por eso estoy con mi padre en el super mercado, comprando comida, para esos niños que lo necesitan. Yo no entiendo mucho porque tenemos que hacerlo, mi padre dice que es un deber ayudar a la gente que lo necesita, así que me lo he tomado como una especie de trabajo de clase, como cuando nos manda hacer una redacción de 20 lineas, pero tenia curiosidad de saber porque esos niños no tienen comida, no pueden acompañar a sus padres al supermercado para comprar garbanzos o cualquier otra cosa...dicen que mi curiosidad es tan solo por el hecho de ser niño y me repiten con bastante frecuencia eso de que "la curiosidad  mató al gato", yo tengo un gato, se llama Fa, porque es mi nota favorita y queda gracioso cuando hablo de ella con mis amigos y digo "Mi Fa", yo no quiero que mi gato muera, así que a veces me ahorro el preguntar y dejo que la gente me resuelva mis dudas sin querer.

Salimos del supermercado y una señora vestida con ropa rota y desgastada, nos alza una lata y nos habla, creo que pide dinero... me meto la mano en el bolsillo, como mil veces he visto hacer a mi madre, saco un caramelo y se lo tiendo a la señora. No tengo ni idea si eso puede servirle más que las monedas que le da la gente, pero es lo único que tengo en el bolsillo. La señora me acepta el caramelo y me sonríe. Mi padre me da la mano y caminamos hacia el coche, entonces no puede resistirme:
- Papá ¿Por qué esa mujer esta sentada en esa puerta?
- Es pobre y no tiene otra forma de ganar dinero. -  Responde sin mirarme. - pero tienes que tener cuidado, no todos quieren dinero para comer.
-  ¿Y para qué quieren el dinero?
- Para otras cosas. - Mi padre abrió la puerta del coche y me pide que suba, le obedezco y el me coloca el cinturón de seguridad, que debido a la silla es más complicado de lo que debería ser.
- ¿Y por qué tenemos que comprarle comida a esos niños?
- Porque sus padres no tienen dinero para comprar comida. - Cerro la puerta y se subió en el asiento del conductor.
- Papá. - Le llamo.
- ¿Qué? - Me dice cansado y con una sonrisa en los labios.
- ¿Por qué son pobres esos niños? - Mi padre arranca el coche a la vez que lanza un largo suspiro.
-  Esa es una buena pregunta para tener ocho años, Sofia. - Se pensó la respuesta un buen rato y me miró por el retrovisor. - Resulta que en el mundo hay mucha gente egoísta, que tiene mucha dinero y que lo malgasta o lo guarda muy, muy bien... - Se paró el coche en un semáforo y me miró directamente. - Pero a pesar de eso siguen ganando dinero y eso hace que haya cada vez más pobreza en el mundo.

No sigo preguntando, apoyo la cabeza en el cristal y analizo toda la nueva información. Mi profesora dice que necesitamos comer para obtener energía y poder crecer, además de movernos. No me pareció justo que esas personas con tanto dinero no le comprara comida a esos niños, porque les evitaba el crecimiento. El otro día en una excursión a un parque la maestra nos dijo que las plantes cogían los alimentos del suelo y la energía del sol para crecer, recuerdo que le pregunté si los arbustos y las flores eran más pequeño porque el árbol le robaba la energía o los alimentos. Mi maestra se empezó a reír, como si eso fuera una locura y me explico que cada planta absorbe la energía que necesita y la que no necesitan lo la cogen. ¿No debería ser así con el resto de las cosas? Pensé en esos niños que no podían ir al supermercado a comprar comida porque no tiene dinero para hacerlo, es como si solo los arboles de oro pudieran crecer. Miro de reojo la bolsa de alimentos que ha comprado, miro el arroz que mi padre ha comprado y me encojo de hombros.
Que extraño es el mundo, quizá deberíamos ser todos como las plantas. 

jueves, 28 de abril de 2016

Especial día del libro.

Modelo: Lium

La extraña chica de labios azules. 

Todas las chicas de novela son iguales, o son simplemente perfectas y cuya personalidad y aspecto resaltan entre todas las demás o son sencillas "ratas" de bibliotecas a las que el resto de personaje le cuesta mucho conocer.  Ella era ambas cosas. Ella era hermosa y su aspecto destacaba sobre toda las demás debido a sus enormes ojos grises, que maquillaba con rimel de colores dando color a su triste y opaca mirada. Sus labios siempre lucían celeste y su forma de vestir hacían que el resto de chicas la miraran con admiración.
Era simpática, siempre prestaba lo mejor de ella a todo el mundo que se cruzaba en su camino, su color de pelo cambiaba tan a menudo como sus amigas entraban y salia de su vidas. Nunca tuvo una amiga con la que compartir los malos momentos, cuando su rimel de colores caían sobre sus mejillas limpia de potingues, siempre estaba sola, escondida entre las páginas de un libro, por eso digo que ella era ambas cosas.
Yo siempre la he observado en la lejanía, no es porque me de miedo acercarme, sin duda sé que si lo hago ella me dedicaría una amable sonrisa y mantendríamos una conversación sobre cualquier tema, pero nunca lo he hecho y presiento que nunca lo haré. De hecho nadie sabe que la observo, nadie sabe que escribo sobre ella.
La primera vez que la vi, fue en primero de la ESO, educación secundaria obligatoria para nuestro pesar, todos parecíamos querer salir de la clase, pero su voz resaltaba en el eco de la clase con una enorme energía animando a que estar allí, no era el fin del mundo. No tendríamos más de trece años y sus pestañas ya lucían de colores y sus labios estaban pintado por esa barra de labios celeste de la cual no se separaba. Recuerdo su voz en los exámenes finales: "Venga, ya queda un día menos para vacaciones y un examen menos para las notas." A mis amigos le ponían nerviosos que recordase lo poco tiempo que le quedaban para estudiar, sin embargo, a mi me reconfortaba saber que se podía ser tan optimista en el trayecto de la peor etapa de tu vida: la adolescencia. Lo que no sé es porque nunca se quedaban sus amigas cuando, ella dejaba de ser optimista, cuando el dolor se reflejaba en esa extraña mirada.
Comencé a escribir sobre ella, cuando hizo que el autobús escolar esperase a mis amigos y a mi en tercer año, aquel día que salimos tarde porque la Sra Martinez nos había castigado por hacer dibujos obscenos en la pizarra durante el cambio de clase, por aquel entonces ni siquiera sabía que dibujar el miembros masculino era algo obsceno. Por aquel entonces tenia el pelo azul eléctrico con las puntas aclaradas en un azul similar al color de la piscina en plena luz del día. Ese día decidí que sería la protagonista de todas mis novelas. Sí, ella es Elena, ella es Mónica y la dependienta de la tienta de antigüedades donde le gusta leer a Joaquin.
Han pasado tan solo diez año desde que nos despedimos del bachillerato, desde que nuestra vida necesariamente dejaron de cruzarse, pero yo sigo observándola. Mientras paseo por el parque miro hacia la heladería donde trabaja y aun sigue cambiando de color de pelo con mucha frecuencia, sus labios siguen celestes y su mirada esta rodeada de pestaña de colores. Desde la ventana de la habitación de mi hermano, recuerdo que podía ver como ella y sus "amigas" de quita y pon bailaban frente al escaparate de la tienta de chucherías, ahora ya no queda nada de ese rincón, han puesto una inmobiliaria. Yo sigo escribiendo sobre ella, aunque a veces sus ojos se tiñen de diversos colores y sus labios se vuelven de un color más natural.

Veo necesario que hoy día del libro, haga memoria a quien dedico cada una de mis novelas. No se las dedico a mi madre, que siempre quiso que fuera medico y se sintió decepcionada por mi carrera de letras, ni a mi hermano que me acusaba de cursi, cuando él era quien buscaba rosas cada 14 de febrero... ni siquiera a mi padre que aun se sorprende cuando ve que puedo VIVIR con el dinero de mis libros. Todo se lo agradezco a ella, porque me inspiró algo extraño cuando mi vida estaba "evolucionando", porque me roba sonrisas, cuando me la encuentro en el autobús con su pelo largo de color natilla ¿Cuanto tiempo le durará? Con mi libro en el regazo mientras lee una y otra vez los agradecimientos. ¿Sabrá quien soy yo? ¿Sabrá que ella es la destinataria de esas palabras?


~0~

Hola, hola esnifadores de purpurina, lamento que el post "especial día del libro" haya tardado tanto, como se me estropeo el ordenador, todo se fue al traste he incluso el relato, inicialmente estaba escrita por ella misma, por la chica que describe este escritor, este escritor que vive en mi mente, obviamente ningún hecho llevado a cabo en el relato, ni los personajes son reales... bueno sí, el puesto de chucherias si es una inmobiliaria. Espero que os haya gustado, y si algún día reúno las fuerzas suficiente para recordar cada una de las palabras, subiré el relato inicial, donde esta extraña chica se presenta así misma.  Me despido con un beso enorme y con una...
¡DOBLE RACIÓN DE PURPURINA!

viernes, 25 de diciembre de 2015

Mini- relatos de un unicornio: ¿Y si volvió por navidad?

Imagen de light, christmas, and winter
Me desperté un poco confusa. Miré con atención el techo, más concretame la lampara, no tenia bombillas, para variar, reconocí la habitación tan solo por ese detalle. Era la habitación de mi hermano y su esposa. Lo que no podía explicarse era el motivo de su presencia en esa cama. Me incorporé y me senté frente al espejo. Se me veía joven, sin duda no me recordaba así antes de...¿Antes de qué?  Me puse en pie confusa, me mire en el espejo con más atención. La chica del espejo era una joven que no aparentaba más de 17 años, sin embargo lo ultimo que recuerdo fue haber celebrado una cena de navidad con compañeros de empresas, y juraría haber cumplido ya los 60. Moví las extremidades para comprobar que el reflejo me imitaba, sin duda era yo, mucho más joven y con el pelo mucho más largo y recogido en dos trenzas. Suspiré, la envidia de cualquier persona levantarse joven.

Llena de energía baje las escaleras de la casa,para encontrarme con mi familia. ¿Como reaccionarían a tal cambio físico? Baje las escaleras en un santiamén y me encontré en la entrada con comida de perro. ¿Desde cuando teníamos perro?  La aparté con el pie y seguí mi camino. Me dirigí al comedor donde me encontré con una habitación vacía. Sin embargo en la casa había alguien podía sentirlo, podía sentir una mirada sobre mi.

- Estarán en el baño. - Me dije, mientras me giré hacia esa dirección.

En el trayecto del giro, vi la que fue un día mi habitación, un anciano me miraba, estaba sentado en la cama, parecía mirarme, pero no parecía que me viera de verdad, en realidad, no parecía que viera nada. Me acerqué a él descubriendo que no me seguía con la mirada, que la mantuvo fija. El rostro cada vez me fue más familiar, cada vez que me acercaba, sentía reconocerlo más y más. Se trataba de mi hermano. Ahogué un grito. Mi hermano, siempre joven, siempre lleno de vida, siempre activo, estaba ahora en una cama, mirando la nada, con una mueca y sin parecer tener intención de moverse. Parecían haber pasado años desde la ultima vez que lo vio, sin embargo siento que fue ayer cuando me despedí de él para asistir a aquella cena.  Quise acariciarle, pero el sonido de la cisterna del baño me detuvo.  Su esposa apareció por la puerta de la habitación, al mismo tiempo escuche como alguien entraba en la casa.

- ¡Ya era hora que vinieras! - Dijo, la que una vez fue mi cuñada, ella no había cambiado mucho, alguna que otra arruga más si que decoraba su cara y parecía haber engordado un poco, sin embargo pude reconocerla a la primera.
- Estaba ayudando al tito a poner la mesa. - Dijo la voz de mi sobrina. Apareció por la puerta y entró cambiando la cara de seriedad a una fingida y exagerada felicidad. - ¡Hola padre! - Grito, mi hermano movió la cabeza hacía ella y le regaló una sonrisa. Una sonrisa que me partió el alma.

Nadie me ha dicho nada, nadie se ha percatado de mi presencia y mi inesperada juventud, solo pude tragar saliva y seguir observando la escena. Entre las dos sentaron a mi hermano en una silla de rueda y se lo llevaron, mientras mi sobrina cantaba en leves murmullos un villancico, un villancico que yo solía cantar. Los seguí en silencio.
Entramos en la casa de mi primo, donde la decoración navideña sobrecargaba la casa , con esfuerzo entraron la silla y acomodaron a mi hermano en un sitió del salón. Era navidad. Obviamente, lo ultimo que recuerdo fue haber quedado con unos compañeros para celebrar la llegada de esta fecha, pero yo no deje las cosas así y mi inesperada juventud...solo implicaba que no estuviera viva. ¿Estoy muerta? Miré otra vez a la mirada ausente de mi hermano y a esa mueca que parecía estar siempre presente en su rostro. Asustada salí de la casa y comencé a correr. Correr como nunca pude hacer en vida. Corrí por todo el pequeño barrio iluminado por esas luces navideñas, hasta que mi falso aliento me detuvo frente a una fila de coches aparcados. Una familia se bajo de un coche, me senté en el bordillo de la acera y los observe mientras recuperaba un poco el aire. Esa familia...me era familiar.

No pude creerlo cuando se acercaron donde yo me encontraba, era mi sobrina mayor con sus dos hijas y su marido. Esas dos niñas que había visto por ultima vez, ya no eran niñas. Me puse en pie y los seguí. No iban dirección a casa de mi hermano. Recuerdo que ellos nunca pasaban la navidad con nosotros. Observe a las jovencitas que había sustituido a las pequeñas mujeres de la casa. Una elegante con el pelo largo, con una figura delgada embutida en un vestido ajustado con unos zapatos de tacón. Tenía unos ojos cargados de maquillaje y parecía distraída. No pude reconocerla, me concentre en la otra, Tenía unos zapatos sencillos y un vestido simple de encaje, el pelo corto y suelto, su cara reflejaba un rostro triste aunque lucia una sonrisa de oreja a oreja. No estaba maquillada, y pude reconocerla. Habían crecido mucho. Parecía que el tiempo solo había pasado para ellas y para mi hermano.

Seguí a la familia hasta un bloque donde entraron sin llamar, entre con ellos como si formara uno más de ellos. Abrimos la puerta de un piso y entramos todos. Reconozco la casa, es la casa del marido de mi sobrina, bueno, la de su madre. Un par de niños salieron a recibir a la familia. Uno pude reconocerlo, rizos rubios y tímido. La niña rubia también, y con unos rizos que caían a sus hombros, no pude reconocerla, no recordaba una niña tan pequeña en aquella familia. Sin duda el tiempo también había pasado para aquel niño. Sonreí ¿Quien no sonríe al ver la ilusión de un niño en estas fechas? Dios mio como ha cambiado las cosas. ¿Cuanto tiempo hace que estoy muerta? Me pregunté sin miedo. Me senté en el suelo y observé como todos comenzaban a sentarse en una enorme mesa. Comenzaron a comer y me dí cuenta de que algo también había cambiado: El padre del marido de mi sobrina. No estaba, el no estaba.

Abrace mis rodillas, temerosa, el miedo volvió a consumirme. La niña de los rizos dorados me miraba, con curiosidad, no me creería que me viera a mi, así que agaché la cabeza para esconderme de miradas que no iban dirigidas a mi. Sin embargo, algo me hizo volver a alzar la vista. La niña estaba frente a mi con intención de tocarme. Me levanté asustada y ella sonrió. Llamó a una de sus primas, a una de las hijas de mi sobrina. Esta se acercó y se puso de rodillas para estar a su altura, La niña de los rizos le susurró algo al oído y mi sobrina me miró. Me miró, pero estaba segura que no podía verme.
- ¿En serio? - Dijo volviendo a mirar a la niña. - Yo no puedo verla.
- No estoy loca, es una niña. - Dijo en voz baja señalándome.
- Te creo. - Dijo mi sobrina. - Será un hada. - Dijo haciéndole cosquillas a la pequeña esta las esquivo y me miró.
- ¿Eres un Hada? - Miré a mi sobrina y asentí. - Prima, dice que sí, que es un hada.
- Pues deseale feliz navidad. ¿A que esperas?
- Feliz navidad señorita Hada. - Dijo la joven.
- Gracias. - Dije mientras volvía a ponerme de rodillas. - Feliz navidad.

Derrumbada no pude evitar dejar caer un par de lagrimas, por todo lo que había empeorado la vida, por lo mal que encontré a mi hermano minutos antes, por  lo desgastado que estaba, lloraba por no haber visto crecer a las hijas de mi sobrina. Lloré por no recordar que me había pasado, lloré por que no quise abandonarlas, porque no quise abandonarlos a ninguno. La chica pequeña se fue de tras de un enorme perro que apareció tras de ella y mi sobrina se quedó mirándome, estaba triste, como si yo le hubiera transmitido mi tristeza. Me miraba pero no veía, sin embargo dijo algo que me desconcertó.

- Feliz navidad Tita. - Se incorporó y volvió a la mesa.

domingo, 1 de noviembre de 2015

BlogHalloween: Resto de sangre.

Imagen de adventure, rain, and yellow- "El día se había levantado nublado, no era un día  de parque, pero allí  me encontraba bajo un enorme árbol intentando no empaparme demasiado. Saque mi ebook a duras penas, prefiero leer mil  veces s papel, pero un ebook es el método perfecto para leer bajo la lluvia. Hacia tiempo que me habia comenzado a leer "Frankestein", y aunque leerlo en el libro que guardaba en la mochina podía vivirse mas el miedo, continúe leyendo es  mismo libro en la pantalla. El efecto no era el mismo ya que defiendo a que la historia del libro  se encuentra también  en el olor de este, haciendo la lectura  mas amena e interesante. 
El sonido de un trueno  me desconcentró de la lectura. No había nadie en el parque, como era evidente, pero  podía sentir que no me encontraba del todo sola. Guarde el ebook en mi mochila y comencé  a acariciar de húmedo césped a ciegas. No te un charco de algún líquido. Supuse que era la lluvia, así que seguí acariciando el charquito del agua y masajeé la tierra para formar el barro. Miré mis mano, tenia un color extraño, observé mas detenida mente. No era agua. Era sangre. Con el corazón en un puño rebusqué con mi mano limpia en mi mochila un par de pañuelitos y me limpié la mano escandalizada. 
- ¿Pero que demonios? - Pregunté en voz alta al ver que las hojas del césped estaba decorada por múltiples gotitas de sangre. Me levanté de golpe cogí la manda, para descubrir que también se había manchado, la arrugué y la deje caer al suelo. 

Cogí la mochila y tiré al suelo los pañuelos sucios, no era muy partidaria de tirar las cosas al suelo del parque, en aquel momento me parecía sensato hacer una excepción. Miré al cielo que no solo escondía el sol sino que además dejaba caer toda su irá a los pies de la tierra.  
Miré mis pies temerosa de pisar algún rastro de sangre. Di unos pasos para alejarme de ella, pero al final metí el pie en otro charco de sangre. Los miré, mis botas de agua estaban manchadas, di otro pasó más y arrastre los pies por el césped para limpiarme. Esa situación comenzaba agobiarme. Me di media vuelta para observar por donde pisaba, ahogué un grito a descubrir que había más sangre dibujando un caminito hasta la maleza del bosque. Me puse el gorro del chubasquero y camine junto al camino que había dejado la sangra de alguien. 
- ¿Hay alguien ahí? - Pregunté sin detenerme. -¿ Necesitas ayuda? 
No me detuve hasta que me encontré en el limite del parque, donde una enorme valla rasgada me separa de la inmensidad del bosque. La lluvia chocaba en mi chubasquero y era lo único que podía escuchar aparte de mi propia voz. Me agaché y me metí por el agujero y comencé a seguir el rastro de sangre. Escuché un ruido y me detuve, me planteé dar la vuelta y volver a casa, pero entonces escuche un grito y seguí avanzando. 
Entonces lo vi. Vi aquel joven acorralando a aquella mujer. La mujer vestida con harapos me miró suplicante. 
- Ayúdame joven, ayúdame - El joven me miró unos minutos y luego volvió a mirar a su victima.  - Por favor.
Yo no dije nada, ni hice nada, ese es mi único delito. No acudí a su ayuda, pero seguramente no habría conseguido ayudarla y ambas abríamos muerto. El joven se inclino hacia la mujer y la mujer gritó con todas sus fuerzas, luego todo se quedo en silencio y el joven me miró. Se que debería haber huido nada más le vi hacer daño a esa mujer, pero me había quedado totalmente paralizada. Me miró a los ojos y sentí que yo iba a ser su siguiente victima. Pero se levanto con elegancia y se marchó hacia el interior del bosque."
- ¿Y que hacia usted un día como aquél en el parque del bosque, Señorita Davis?
- Había quedado.- Dije mirando mis manos temblorosas. 
- ¿Con quién? 
- Creo que con un asesino. 


martes, 15 de septiembre de 2015

Mini-relatos de un unicornio: Hoy es el día.

once-upon-a-time | landybridalblog: Beautiful wedding shoes!——... | via Tumblr
La noche había sido larga, pero por fin había sonado el despertador. Cualquier otra persona lo habría apagado y habría seguido durmiendo, pero había un motivo concreto para que yo no hiciera lo que suele hacer la gente y lo que yo hacia hasta hace tan solo veinticuatro horas..  Puse un píe en la moqueta de goma rosa que decoraba el suelo de mi habitación y palpé a oscuras en la mesita de noche hasta encontrar mis gafas.
Hoy es el día. Hoy es el día que me llevará hacer cosas que nunca antes había hecho. Eran los seis y media de la mañana, cuando abrí las persianas del dormitorio vi como el cielo estaba teñido de un rosa claro mezclándose con el azul de lo que será un nuevo día soleado.  Sonreí al precioso paisaje de la ciudad a tan temprana hora, además de disfrutar su no tan habitual silencio. Debería hacer esto más a menudo. Salí del dormitorio, para encontrarme con el silenció de un apartamento vacío. Entre en el baño y me quite el pijama frente al espejo, observando como caía al suelo cuando pasaba de mis abultadas caderas. Siempre me había visto fea y un poco rellenita, pero como hoy era un día fuera de lo habitual, me veía un tanto atractiva. Me quité la camiseta del pijama y la deje caer al suelo. Me observe, en ropa interior y pensé una vez más que no era tan fea, ni tan gorda como me veían mis ojos infelices de cada día. Abrí el grifo y esperé a que el espejo se empañará, cuando lo hizo, me acerqué al espejo y escribí: "Hoy es el día" y me metí en la ducha.

Mi inusual felicidad matutina me hizo cantar la cancion de Firework mientras me enjabonaba el pelo, por supuesto mi inglés no era nada perfecto y la letra había terminado por ser un murmullo con ritmo y estilo. Al inicio del estribillo no pude evitar venirme arriba y fingir estar en un concierto bajo la calidad lluvia del grifo. Mi micrófono con olor a fresas comenzaba a pesar así que me lo cambiaba de mano cada cierto tiempo. Olvidándome de que estaba en la ducha, comencé a dar pequeños saltitos de alegría al ritmo de "Moon, moon" de Firework que sonaba en mi mente. El final del maravilloso tema fue recibido con un par de aplausos, aplausos que me trajeron de nuevo al plato de ducha.

- Tienes buena voz, Noa. - Reconocí la voz de inmediato. Me asomé entre las cortinas para saludad a Paula. Ambas rompimos en risas. - Anda sal y sécate, tenemos mucho en que trabajar.
- Pensé que vendrías arreglada. - Negó con la cabeza.
- ¿Y estropearme el look arreglándote a ti? Ni de coña. - Salió del baño a la paz que yo cogía una toalla y me enrollaba en ella. Me enrollé el pelo en otra toalla y salí del baño para no hacerla esperar mucho.

Paula estaba sentada en mi sofá mirando una revista de nintendo que me había regalado ella misma el mes pasado.
- Pensé que ya la tenias muy vista.
- Nunca es suficiente. - Dije girándose. - ¡Todavía estas así! Vístete y tenemos cita a las 8.
- Voy, voy. - Dije entrando en mi habitación.
Hoy era el día, en el que todas las cosas que no solía hacer las voy hacer. Madrugar es tan solo una de las cosas que prometí que nunca haría y que por casualidades de la vida, hoy estoy haciendo. Me pongo unos vaqueros y una camisa ancha de baloncesto. Salí y vi a Paula sacando el vestido del armario de los abrigos. En silencio observe como se subía a una silla para descolgar un cuadro y colgar el vestido.  Hizo lo mismo con el cuadro de al lado, para posteriormente colocar el vestido que ella había traído con ella.
- Tu vestido es precioso. - Dije al verlo colgado.  No tenia nada que envidiarle al mio. - Vas a estar guapísima.
- No es mi intención hacerte sombra, pero que puedo decir, voy a estar fabulosa. - Dijo girándose para ahogar un grito al descubrir mi atuendo. - ¿Vas a ir a la peluquería con esas pintas?

Asentí, ¿Que podía decir? No iba a cambiarme de nuevo. Salimos y en media hora nos encontrábamos en la peluquera de confianza de Paula. Era un local bastante pequeño, pero muy lujosamente decorado. Fue poner un pie en aquel establecimiento y sentir por primera vez, en todo el día miedo. Miedo, nervios, llamenlo como quieran. Me deje llevar por Paula hasta una silla. Ella no paraba de hablar y yo no respondía a ninguna de sus preguntas ni afirmaciones. Eva, la peluquera, se acercó a ella y comenzaron una conversación sobre como arreglar mi desastroso pelo.

No sé como acabé con ese recogido y con esa caraba bañada en maquillaje, lo cierto es que no me quedaba tan mal como yo pensaba que me iba a quedar. Hoy era el día, en el que todo lo que nunca pensé que haría, hago. Por primera vez mi pelo se veía cuidado y arreglado y mi rostro parecía el de una porcelana, ni rastro de las pecas, ni de los puntos negros. Antes de que pudiera creerme que esa chica tan guapa del espejo era yo, ya me encontraba embutida dentro del hermoso vestido blanco que colgaba en mi salón. Ahora mis miedos y mis nervios, no se reflejaban en mi rostro, que por todo el potingue no parecía ser yo, ni en mis descuidadas uñas, que por raro que pareciera también estaban arregladas. Todo parecía ir muy deprisa, pero sin embargo el tiempo pasaba lento. Paula seguía hablando, pero yo apenas podía prestarle atención, asentía continuamente, sin creerme de que esa persona que estaba en el espejo fuese yo y si eso que iba hacer la persona que estaba frente a mi iba a ser lo correcto. De repente, estaba segura, era miedo, pero ¿A qué?

- Noa,¿Quieres dejar de asentir y sentarte? - Dijo Paula chasquandome los dedos.
- Lo siento. - Dije obedeciendo la y sentándome con cuidado.
- ¿Estas nerviosa? - Me preguntó, yo asentí como venia haciendo desde hace un buen rato, pero esta vez si le estaba respondiendo a ella. - ¿Quieres que te preparé una tila antes de que me preparé? - Negué con la cabeza.
- Tan solo reza para que no manche el vestido de vomito. - Dije agachando la cabeza.
- Noa. - Dijo agachándose para ponerme los zapatos. Nota: Zapatos de tacón, otra cosa que en la vida habría hecho la Noa de siempre. - Tranquilízate, todo va a salir genial. - Se incorporó y me dio un beso en la frente. - Voy a prepararme y salimos, tu padre estará al llegar.

" ... Y salimos, tu padre estará al llegar" Fueron las palabras que me hicieron llevarme las uñas postizas a la boca, en cuanto Paula me perdió de vista. Las mordisqueaba con cuidado de no arrancármelas de los dedos. Escuché la puerta principal abrirse y baje la mano, para que nadie pudiera ver lo que estaba haciendo, me puse en píe con cuidado y di tres pasos con cuidado hacia la puerta para recibir a mi padre, que al verme no pudo evitar soltar una lagrimita.

- Estas guapísima hija. - No le respondí simplemente le miré. No una mirada normal, no miré una mesa, no miré una revista, no miré la tele, miré a mi padre diciéndole con el poder de una mirada todo el miedo que sentía esa desconocida del espejo. El pareció entenderme porque abrió los brazos y me recogió en ellos, como cuando era pequeña y tenia una pesadilla, cuando llegaba a casa con un examen suspendo y mamá me reñía. El siempre había estado ahí guardándome ese abrazo que todo lo podía, pero parecía que esta vez no era el caso.  Aunque me sentía a gusto en los brazos de mi padre, no me tranquilizaba, como si ese ya no fuera mi lugar.

Paula no tardo en salir, se acercó a mi y me colocó una tela en el rostro. Lo hizo con mucho cuidado. Me consta que se ha visto varios vídeos de youtube para saber como se colocaban estas cosas, porque sabía que era la primera vez que colocaba uno.
Los minutos restantes se convirtieron en segundos y por cada segundo, mi corazón era capaz de latir como cincuenta mil veces más de lo habitual , aunque no paraba de repetirlo, Paula decía que era todo una exageración, que mi corazón iba normal, igual de normal que cuando hice la primera comunión o una noche cualquiera de reyes. El coche de mi padre se detuvo y Paula se despidió de mi y se bajo del coche.
- Nos vemos dentro. - Dijo mientras cerraba la puerta.
Quise gritarle que no se moviera de donde estaba, que se quedara conmigo, pero todo esta estaba planeado, había que hacer lo que había que hacer, lo que nunca habría hecho la Noa de siempre. Cerré los ojos mientras esperaba a que mi padre me dijera que podía salir. Estaba tan nerviosa, que mi mente volvió al momento de la ducha y comencé a canturrear la canción de Firework. Aunque esta vez la canción, pareció demasiado corta. Seguí mi repertorio mental de mis canciones favoritas y comencé a cantar mentalmente Roar.

Mi padre abrió la puerta y me invitó a salir, no paré de cantar la canción mentalmente hasta que me encontré en la puerta.
- ¿Estas listas? - La música que me tranquilizaba cesó y los nervios volvieron a mi como un bumerán, con más fuerzas. Miré a mi padre y asentí.

Hoy era el día, en el que cruzaría el pasillo donde todos los ojos de las personas a las que quiero me miraran. Haré el caminó para encontrarme con el amor de mi vida. Sonreí, no sé si para mi misma o para el resto del mundo. Mi madre me dijo, que fijara mi vista en el altar, que así el camino se hacia más corto, pero para mi no era así. Así que cerré los ojos y volví a cantar mentalmente Roar, dejándome llevar por el fuerte brazo de mi padre. Cuando me soltó, sentí que era el momento de abrir los ojos. Noa, Noa, Noa.
_______
- Noa Stuart ¿Quieres a Noa Smith como futura esposa?..... - Le miré a los ojos para observar como decía "Si, quiero", mientras asentía, mientras ponía un anillo de oro blanco en mi dedo. 
- Noa Smith, ¿Quieres a Noa Stuart como futuro esposo?..... - Los miedos se fueron. Los nervios se fueron. Noa me miró a los ojos y no pude evitar dejar escapar una risita. Asentí. Le pusé el anillo en el dedo. 
- Si quiero. 
Ahora se suponía que tenia que esperar a que el cura dijera " Noa Stuart puedes besar a la novia", pero como hoy era el día ¡Que diablos! Me quité el velo, yo misma, lancé mis manos a su cuello y le besé, le besé como llevaba todo el día deseando hacer. 

viernes, 22 de mayo de 2015

Mini-Relato de un unicornio: Corazón de metal.

Resulta que hace tiempo, participé en un concurso cuya temática era la robotica, pero como no he recibido noticias y hará exactamente un par de meses, yo quiero que mis esnifadores de purpurina lo lean, lean lo que salió. Espero que os gusté.

Corazón de metal.

La guerra había arrasado toda la ciudad. Cuando dejamos de escuchar los bombardeos, mi madre me permitió salir del escondite para tomar un poco el aire. Desde mi destrozado jardín podía ver como los soldadosbiobots, que habían creado “los de arriba” para defender el pueblo, se retiraban. No sabía mucho de ellos, ya que solo los veía de lejos. Mi padre me comentó que hubo una vez donde los humanos y los biobots lucharon juntos en la guerra; que en un pasado aún más remoto no existían dichos biobots y los que luchaban eran los hombres de carne y hueso, incluso hablaba de la muerte del ser humano. Había pocas personas que morían últimamente, ya que habían encontrado la forma de crear un corazón artificial para cuando el tuyo dejara de funcionar. En el colegio una profesora decidió dejar de vivir... y supongo que es así el único tipo de muerte que conozco.

Di varias vueltas a mi jardín, que no tenía nada que ver con los resultados de la búsqueda de “jardín” en Google. Fijé mi mirada en un tronco cortado que había en medió del claro de césped y me lo imaginé entero, tal cual lo dibujaba mi padre en sus cuadernos, entonces todo se volvió blanco por unos segundos, la luz desapareció y volvió varias veces antes de que decidiera acercarme al tronco. La luz del sol que se reflejaba en algo metálico no me permitía ver de qué se trataba. Toqué a tientas hasta que sentí algo frío, tiré de él hacia mí y creé sombra para observarlo. Era un biobot, simulaba a una mujer y llevaba puesta una armadura metálica de pies a cabeza. Me quedé mirándola durante un rato antes de acercarme un poco más, para observarle con más atención. Entonces los ojos de este se abrieron de golpe desprendiendo una luz azul similar al cielo de verano. Se incorporó y me dejé caer asustado.

- Hola 6034. – Dijo con una voz casi humana.

No me dio tiempo a responder, ciertamente no entendí, ¿por qué me había llamado así? Mi madre salió de casa corriendo y chillando que se avecinaba otro bombardeo. Se frenó al ver mi compañía y comenzó andar con más lentitud, como si le diera miedo dar cada uno de esos pasos.

- Lucas. – Me llamó. – Ven aquí. – Dijo acercándose muy despacio. – Aléjate de esa cosa.

Le obedecí, siempre lo hacía incluso cuando no quería hacerlo, lo hacía. Me agarró a de los hombros mientras yo seguía mirando a la biobot con cierta curiosidad. Algo en esos números despertaron algo en mi interior. 6034. Como un código, desbloqueó algo en mi interior. Me llevé una mano en el pecho sintiendo mi corazón, mi corazón de metal, latiendo artificialmente y volvimos al refugio antes del siguiente ataque.

domingo, 3 de mayo de 2015

Micro-Relato de un unicornio: Especial día de la madre.

CuteeFue fácil abrir los ojos aquel día, aquella primera vez. Sintiendo la curiosidad y todos mis sentidos a flor de piel, de repente sentía el tacto, sentía el amargo sabor a hierro, veía numerosos rostros al cual no reconocía ni uno de ellos, escuchaba por primera vez mi propia voz en forma de llanto y mi olfato no distinguía entre miles y millones de olores que allí se mezclaban. ¿Y ese llanto? Ese primer llanto en los que mis pulmones inspiraron y espiraron como una primera actividad conjunta que realizara eternamente. Ese llanto era precioso, un primer manifiesto de mis sentimientos y no hablo de lo que mi inocente corazón sentía al ser expulsado a un mundo desconocido. Era un llanto precioso, pese a que ese llanto fue obligatorio, me pareció bonito y una sensación bastante curiosa.

Sin embargo diecinueve años después el llanto al que me condeno día tras día con el fin de hallar una paz interior que no encuentro y al cual seguiré dedicando tiempo, no me parece bonito, ni mucho menos curioso. Me parece un llanto egoísta, doloroso e infinito.

Lo peor de este sin fin de lagrimas, es que sé que este dolor no debería sentirlo. Existen personas con verdaderos problemas, que sufren día a día y que no derraman ni una sola lagrima o que tras un par de lagrimitas ya están sacando fuerzas para seguir adelante. Solo pensar en que alguien en este mismo instante esta sufriendo y estoy yo aqui llorando por un mal de amores, me hace sentir una constante presión en el pecho que solo hace que por mis ojos derramé más y más lagrimas.

Y entonces me vuelvo a ver pequeño, en aquella cuna de madera que había junto a la cama de mis padres. Recuerdo que lloraba por hambre, por miedo y deseo volver a llorar por esos simples motivos. Que a cada suspiro dado por un bebé hay una madre desvelada y yo hecho de menos a la mía.
Ella era partidaria de que la muerte hay que llorarla y los motivos de las lagrimas que hoy mojan mis mejillas es la muerte de un enorme sentimiento. No era similar a ninguno de los cinco sentidos anteriormente nombrados, era la muerte de un sentimiento compartido. El amor. Mi madre siempre me había dicho que era un sentimiento creado por los poetas para embellecer esta misera vida, yo un poeta de dieciséis no le creí y me aventure a conocer el amor. Un amor que nació a la orilla del mar y murió en la cumbre de la montaña. Y ahora que lloro la muerte de un sentimiento, puedo asegurarle a mi madre, que tenia razón. Que después de tanto caminar de la mano con una bella chica de intensos ojos marrones y un castaño pelo rizado, después de ver caer infinitas tormentas y contemplar preciosos arcoiris, el a mor se ha ido. Dejando a dos personas totalmente desconocidas enfrentadas a un falso sentimiento.

Así que ahora sé que el amor no existe, que es un sentimiento creado por nuestros difuntos poetas, pero si no tenemos la esperanza de que ese sentimiento sea real algún día ¿Nos atreveríamos a seguir viviendo?

Sintiéndolo mucho por mi madre, quien ha perdido todas las esperanzas acerca de ese amor, le voy a lanzar una pregunta que me atormenta desde que me dijo que el amor era invención de los poetas. ¿Y el amor que se siente por un hijo? ¿Y el amor que se siente por una madre? ¿Es real o también lo inventaron los poetas?

viernes, 24 de abril de 2015

Micro-Relato de un unicornio: Especial día del libro.

Hola esnifadores de purpurina hoy es 23 de abril y he pensado en hacer un micro-relato.

Todos los cuentos suelen empezar por "era se una vez" o "en un lugar muy lejano", pero esto que os voy a contar aquí no fue en un lugar muy lejano sino frente a mi casa y no fue hace mucho tiempo sino el mes pasado. 

Vivo en una casa azul rodeada de casas con una tonalidad amarilla, todo el vecindario  nos llamaban "la familia pitufo" y la verdad que no nos importaba, pero mi casa no era la más extraña del vecindario, frente a mi casa había una casa abandonada y eso creíamos hasta hace unas semanas. 
La madrugara del domingo llegue un poco cansado, aun tenia una botella de vodka, en la mano derecha pero estaba entera no me atreví ni ha darle el primer buche. Deje la botella bajo mi buzón. Las calles estaban en silencio, tan solo se oía las  farolas parpadear. Por eso me sobresaltó el grito de una niña. Me giré sobresaltado para descubrir a una niña que reía mientras caminaba sobre las tejas de la casa abandonada. Fue casi instintivo pero corrí hacia la niña un poco alterado. 

- ¡Baja de ahí! - Chillé.

La chica aumentó su risa y se asomó para observarme. al verla iluminada por la tenue luz de la farola. Tenia el pelo dorado y muy despeinado. Tenia un pijama celeste con un estampado de nubecitas. Se sentó en el tejado y puso un libro sobre sus rodillas. 

- ¿Por qué? - Dijo y acto seguido la farola que iluminaba su rostro decidió por fin apagarse. Ahora la oscuridad era mayor, pero aun pude ver su gesto de vacilación. - Sube tú, es divertido. 

Solté una maldición y empecé a escalar la pared para alcanzarla en el techo. Cuando subí el resto de farolas de la calle decidieron apararse todas a la vez y  me quede en una clara oscuridad. Me acerqué a la niña y le volví a pedir que bajara que yo le ayudaría, ella reía. Abrió el libro que tenia en las rodillas e ignoro por completo mi petición. Me senté a su lado y le volví a suplicar que bajara. 
- Va a amanecer. - Dijo señalando al horizonte. - Me estas molestando. 
- Hay lugares mejores para ver el amanecer. - Le aseguré.
- Yo no veo el amanecer. - Dijo dirigiendo a mi sus enormes ojos verdes. - Yo leo en el amanecer.  
- Puedes leer en otros momentos y en otros sitios más seguros. 
- ¿Y quitar así la emoción? - Dijo y agachó la cabeza para comenzar a leer. 
- Eres una niña muy rara.
- Hago esto todos los días, estoy acostumbrada, quizás eres tu el que debería bajar y volver a casa.
- ¿Haces esto todos los días?

Desde el día que la conocí aquella  noche, me subo a mi tejado a leer un rato las madrugadas de cada domingo. Hace tiempo que la niña de pelo dorados y ojos verdes, no sale al amanecer. No fue más que un despiste mio. Yo podría haber evitado todo lo que ha sufrido esa niña, aquel día cuando la conocí. Podría haberme molestado en preocuparme en quien vivía en esa casa. Pero me dediqué a observar como cada madrugada escapaba de su vida y se sentada en el tejado de su casa como una niña con manías extrañas, pero feliz como siempre parecía al saludarme desde su ventana. 


Un día decidí simplemente probar el leer a la luz del amanecer. Abrí la ventana a la vez que la chica, que me saludo con un libro en cuya portada se veía un enorme ojo de búho. Le saludé enseñando mi libro de Las aventuras de Sherlock Holmes y luego escale con el libro en mano hasta mi tejado. No era muy diferente a leer en la cama junto a la ventana sin encender ni una lampara, pero si era más agradable sentirte al borde del precipicio sabiendo que no te vas a caer, estar tan al limite de la realidad mientras tu mente viaja a otra dimensión. 

Fue hace una semana cuando salí el domingo de madrugada y ella no salió, me quedé aquella madrugada en el tejado hasta bien entrada la mañana. Cuando los niños comenzaron a salir de sus casas para camino al hermoso parque que había al final de la calle. Miré con curiosidad la casa de la chica. De allí no salia nada. Pensé en bajar y llamar al timbre para preguntar por ella, pero no fue necesario porque en ese momento llegó la policía y llamó a las puertas de la casa supuestamente abandonada. Me quedé sentado en tejado con el libro abierto sobre mis rodillas, pero con la mirada pendiente en si la puerta se abría o no. Esta se abrió pasado unos minutos y se asomó un señor mayor con bata blanca, tenia unas ojeras enormes y un pelo descuidado y blanco. No podía oír lo que decían hasta que empezaron a alzar la voz y a forcejear. Una mujer muy asustada salió corriendo y se abrazó a uno de los policías y esto si pude oírlo. 
- "Él la mató" - Chilló la mujer. 
Me incorporé de inmediato y baje con cuidado del tejado. ¿Por qué razón un hombre iba a matar una niña que vivía bajo su techo? Cerré la ventana, pero aun se oían los grillos y sollozos de aquella pobre mujer. Cuando veía a la niña leyendo en el tejado, siempre me imagine que en su casa haría lo mismo, leía sentada frente a una estantería en una habitación repleta de libros. Quizás no me equivocaba, pero ahora sentía que no debía haber dado por sentado que  la vida en aquella casa era un sueño hecho realidad. 

Veinte años que vivo en este vecindario nadie me había dicho que en aquella casa vivía una familia y nunca vi entrar, ni salir a nadie. Todo me comenzaba a asustar un poco y desee lo más cobarde que puede pensar un chico de veinte años: olvidar aquella chica y evitar pensar que pudo haberla salvado. Me odiaré siempre por ser tan cobarde. Deje el libro sobre mi cama y baje a la cocina. Mis padres me dedicaron los buenos días de siempre mientras yo nerviosamente habría el frigorífico para comer algo. 

La policía comunicó a todo el vecindario de que Samanta Jones había sido asesinada por su padre el 23 de abril, pero nadie del vecindario conocían a esa familia. Samanta una chica de once años, con la manía extraña de leer en su tejado a la hora justa del amanecer, fue ni más ni menos que una niña que aprendió a leer sin necesidad de ir a la escuela, con una madre que hacia lo posible para que esta tuviera una educación decente y con un padre que les prohibía poner un pie fuera de casa. 

Después de todo eso, mis ahorros fueron implicados en un centro para personas maltratadas. El nombre de esta fundación es "Samanta Jones". Esta chica me atormentó en sueños durante años. Soñaba con volver al pasado y haberme preocupado por lo que ocurría en el interior de aquella casa. Como no puedo volver al paso y evitar que ocurriera todo lo que ocurrió decidí regalarle a Samanta la inmortalidad de las palabras. Escribí un libro, que se acaba de publicar hace unos días titulado: "Leyendo en mi tejado". Cuya protagonista, con su pelo despeinado y dorado, leía en el tejado de su casa cada amanecer.

Espero que os haya gustado y que os haya parecido interesante. Obviamente nada de lo ocurrido en este relato es cierto (gracias a dios). Espero de verdad que os haya como mínimo parecido interesante y me despido con una...
¡DOBLE RACIÓN DE PURPURINA!

lunes, 6 de abril de 2015

Micro-historia de un unicornio: ¿Que coño le pasa a Akira?

Las gotas del aire acondicionado del piso de arriba chocaba sobre algo metálico. Cogí el teléfono, buscándolo a tientas con la mano derecha y volví a marcar el numero de Akira, mi mejor amiga o al menos lo era hace dos o tres semanas, pero una vez más no me lo cogió. 
Hace aproximadamente tres semanas hice algo que le molesto, no sé que fue, quizás estar en el lugar menos indicado en el momento equivocado. La llame un día como tal cosa, pero la respuesta fue un poco desagradable.
"- Akira ayer estuve con Max y...
- Naomi, no tengo ganas de hablar ahora. - Me cortó con un tono de desagrado. 
- ¿Te ocurre algo?¿Quieres que llame en otro momento?
- No, no quiero que me llames. - Akira nunca me había hablado de esa forma, con la voz alterada y como si entre nosotras no hubiera la suficiente confianza, como si hablar conmigo no fuera lo que había sido.
- ¿Como? - Pensé en voz alta. 
- No me llames, por favor. - Y colgó"
Desde aquel preciso momento supuse que algo malo había dicho o hecho, pero no me volvió a coger el teléfono así que aun no sé que fue. No me dio ni la oportunidad de hablar con ella, cuando iba a su casa, la madre se negaba a abrirme la puerta y en el instituto huía de mi. 
~
Hoy cinco de abril, Akira cumple 22 años y sentía la urgencia de felicitarla, pero esta mañana me había rendido, no sabia cuantas veces había marcado su numero, cuantas vece me había sonado el contestador y cuantos mensajes había dejado en su buzón. Recuerdo que el día que Daniel nos presentó y recuerdo que nos odiábamos, ambas estábamos "enamoradas" de él y tal varios minutos de conversación con comenzamos  coger un poco de odio, de hecho no parábamos de hacernos jugarretas típicas de niñas estúpidas de 13 años. Recuerdo cuando vi a Daniel besarse con Kisho en el acantilado y recuerdo cuando escuche llorar a Akira en el servicio del instituto cuando Daniel publico que tenia una relación con Kisho en facebook. En aquel momento sentí que todo rencor hacia ella era inexistente, era un poco absurdo odiar a una persona que estaba sintiendo lo mismo que yo. Ese fue el momento en el que se convirtió en mi mejor amiga. 
"Me acerqué a la puerta del baño donde se encontraba Akira y me senté de espaldas a ella. 
- Hola. 
- Márchate. - Me susurró.
- Akira, ¿No crees que es absurdo que me trates así ya?
- Ahora creo, que siempre ha sido estúpido. - Pude escuchar un intento de risa. - No es justo, lo hemos dado todo.
- Bueno, el nunca nos dio señal de que se sintiera interesado por ninguna de nosotras. 
-  Naomi, es gay, ¿Como no nos hemos dado cuenta?"

Fue desde aquel momento cuando nuestra amistad comenzó a fluir sin apenas darnos cuenta. Como sé que no me va a coger el teléfono, me conecto a mi cuenta de facebook y busco su nombre entre mis contactos, pero ya no esta. Sin embargo, veo fotos suyas en una fiesta por toda la entrada de inicio, pincho en una de ellas, están subidas hoy hace dos minutos. Leo algunos comentarios, los suficientes para entender que todos mis amigos habían quedado para celebrar el cumpleaños de Akira. Suspiró y cierro el portátil de golpe. 

Me comienzo a sentir un poco excluida y no sé si estoy enfadada o triste. Vuelvo a coger el portátil y abro el correo, necesito saber que ha pasado entre nosotras y sobre todo necesito saber si he hecho algo más o simplemente se ha aburrido de mi, como se aburrió de sus anteriores amigas. Pongo mi contraseña y redacto un correo con destinatario: arkira547@hmail.com, pero de repente no se me ocurre nada, abro y cierro los ojos mientra pienso como expresarle mi dolor a sentirle alejada de mi. Me llevo una uña a la boca y decido escribirle  un poco con buen rollo. Una felicitación normal. 
"Querida Akira:
Han pasado muchos años desde que te escuché llorar en aquella cabina del baño del instituto y aun más años hacen del día que junté mantequilla de cacahuete en tu almohada en aquella excursión, sabiendo que eras alérgica y que tu cara se llenaría de granos. Me arrepiento de haberte hecho todo eso, pero más me arrepiento de no poder estar a tu lado en un día tan importante como hoy, pero es tu decisión que yo no este hoy contigo y como persona  yo solo puedo respetarte. 

PD: Espero que te lo hayas pasado bien en tu fiesta.
Muchas felicidades.
Te quiero."
Suspiro y envío el correo. El silencio acompañado de las gotas del aire acondicionado sobre algo metálico fue interrumpido por una cancion de los Beatles "Lucy in the sky with diamonds". Busqué a tientas mi teléfono móvil y reconocí la imagen de Aine. 
Aine fue mi mejor amiga hasta que se mudo hace ocho años, habíamos perdido el contacto hasta que volvió hace un año y lo primero que hizo fue venir a verme con toda la ilusión del mundo. Me hizo mucha ilusión su visita, pero a Akira no le cayo bien y nunca más volví a quedar con ella. Sin duda estoy muy sorprendida de esta llamada, cojo el móvil y acepto la llamada. 
- ¿Sí? - Pregunto con el tono de sorpresa aun en mi voz.
- Naomi. - Escucho la voz aguda de Aine con su acento francés y su inagotable alegría. 
- Aine. Hola, ¿Que ocurre? - Me comienza a parecer todo muy raro.
- Te echo de menos. - Esta vez su voz me parece distinta, era como si chillara al teléfono con todas sus ganas.Se me escapo un par de carcajadas. - No te rías, que te oigo. Ábreme la puerta.
- ¿Como?
- He leído el estado de Akira en facebook.
- No entiendo. - De verdad que no entiendo nada, la voz de Aine pierde intensidad y las silabas comienzan a juntarse. 
- Estoy en tu puerta. - Miro de reojo por la ventana y la veo dando vueltas en la farola. - tengo frío.


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He escrito todo esto y ahora lo releo y me parece una gran mierda, pero me da pena borrarlo, es la primera vez que escribo algo en presente, presente, presente y me ha salido fatal, ademas que creo que no he argumentado bien la historia que quería contaros. He querido representar en esta historia el falso concepto que tenemos de amistad. Todos creen tener una mejor amiga y siempre creemos que esta es para siempre, pero más de una vez nos hemos llevado una decepción. Yo por ejemplo he tenido cuatro mejores amigas en toda mi vida y cuando llegué de mi viaje a Italia y me di cuenta que esa cuarta mejor amiga no se dirigía a mi de ninguna forma, me lamenté muchísimo, hable con ella un par de veces después, pero me sentí un poco ignorada de ella hasta que la amistad se perdió. 
Hoy me he dado cuenta que no he sido la única que ha perdido a personas importantes y que obviamente por desgracia seguiré perdiendo a gente maravillosa, por algo que he dicho o hecho por tanto voy a aprovechar para pedir perdón. 
Voy a pedir perdón a mi primera mejor amiga por alejarme de ella, por cambiar de camino, sin pedirle permiso y sin tener mas justificación que el distanciamiento entre dos chicas que están descubriendo su personalidad y sus gustos y aficiones. 
No puedo pedir perdón a mi segunda mejor amiga, porque seguimos siendo amigas, porque fue ella la que se alejo de mi y porque hoy día es una buena amiga a la que suelo ver muy de vez en cuando. 
Voy a pedir perdón a mi tercera mejor amiga por no darla la razón como a los locos y por no haber luchado más por haberle dicho que todo lo que yo decía la verdad, le pido perdón por rendirme tan rápido. 
Voy a pedir perdón a mi cuarta mejor amiga porque cuando llegue de Italia no le hable yo y por que no insistí, porque me aleje de ti sabiendo que tu también lo hacías, pido perdón por no encontrarle una explicación a los que nos separó. 
Y también voy a agradecerles que ahora tenga a mi quinta y espero que ultima mejor amiga y espero no cometer los errores que cometí con las anteriores para no perder la porque no quiero serlo.
Y tras escribir esta ridícula entrada me voy a la cama despidiéndome con una...
¡DOBLE RACIÓN DE PURPURINA!

viernes, 20 de febrero de 2015

Micro-Historia de un unicornio: Regresar con esperanza.

Recuerdo de aquellos días, que sentía que todos me ocultaban algo. Eran frecuentes las visitas al médicos y no entendía por qué, yo me encontraba bien. Mi madre decidió cortarme el pelo pese a que me negué con todas mis fuerzas. Tengo también muy presente el odio que sentí hacia mi padre cuando me dejo en aquella habitación juntos  un montón a niños vestidos con la misma bata y con el pelo muy corto. Era como uno de esos campamentos militares a los que mandaban a los niños para prepararlos para ser soldados en las películas, pero en batas, ademas de que los niños no parecían estar en muy buena forma. Me obligaron a vestir una de esas batas y me asignaron una cama, en cuento me instalaron mis padres se fueron. Yo no lloraba, aunque ganas no me faltaban, pero estaba demasiado enfadado como para mostrar debilidad.  Me senté en la cama que me habían asignado mirando a los niños que había en la habitación, todos me miraban, como si esperaban algún gesto amable de mi, yo nunca he sido amable con nadie, ellos no iban a ser una excepcion. Al cabo de unos minutos, todos volvieron a sus juegos a sus vidas felices, sus risas y sus conversaciones. Todos dejaron de prestarme atención, menos una niña, no aparentaba más de cuatro años, tenia unos enormes ojos azules y un pelo muy, muy, muy corto. Lucia una horquilla de Hello Kitty en la cabeza y sonreía. Me hizo un gesto amable con la mano en modo saludo, me fije que abrazaba a un oso descuidado, con parches y algún que otro agujero de donde sobresalían un poco del relleno. 

Al día siguiente mis padres vinieron a verme y yo no les quise dedicar ni una mirada, durante la visita ellos prometían llevarme a DisneyLand y visitar algún que otro sitio este verano, pero yo no me creí ni una palabra. Yo no sabia porque razón me habían alejado de mis amigos de la escuela, me habían alejado de casa y de mis juguetes, estaba realmente enfadado. Cuando se marcharon aquella noche y me quede de nuevo solo con esos niños desconocidos no pude evitar, me escondí entre las frías sabanas que me habían colocado nuevamente en la cama esta mañana y lloré. Fue entonces cuando sentí que alguien rozaba la sabana, me destapé de golpe para descubrir a la niña de enormes ojos azules colocando el oso de peluche sobre mi sabanas.
- ¿Que haces? - dije cogiendo el oso. 
- Yo ya no tengo miedo. - me dedicó una sonrisa, pero no me cautivo. Alce una ceja.
- Yo no tengo miedo. - me queje. 
- ¿Y por que lloras? - me lleve una mano a los ojos para descubrirlos húmedos, me los sequé con la manga. 
- No te importa. - dije tirando el oso de peluche al suelo. - y lo que menos necesito es un juguete roto. 
- Nosotros también estamos rotos. - dijo agachándose para recuperar el oso. - y nadie nos trata así.
- Nosotros somos seres humanos no podemos rompernos. 
- Sí que podemos, o al menos enfermamos.- volvió a dejar el oso sobre mi cama. 
- Yo no estoy enfermo. - me defendí.
- ¿Y por qué estas aquí? 
Me quedé pensando un rato, el tiempo necesario para que ella volviera a su cama, se sentara en ella y se acomodara. Aun no dejaba de mirarme, entonces sí, no pude evitar una sonrisa. Cogí el oso y me escondí entre las sabanas abrazada al oso. 
Al tercer día me llevaron a una habitación muy extraña, me pidieron que me tumbara en un extraña camilla que luego introdujeron en un túnel, conmigo dentro. Fueron los minutos más largos de mi vida. Mi madre, desde el exterior, no paraba de decirme que no me moviera, que era importante que me estuviera quieto. 

Había un chico que apenas podía moverse, su movilidad estaba limitada por un montón de tubos que le conectaban con distintas partes de su cuerpo. La niña de enormes ojos se reunió con el resto de niños alrededor de aquel chico. Me llamó varias veces, pero no tenia ganas de relacionarme con aquellos niños tan extraños, pero esa niña no aceptaba un no por respuesta y de hecho actualmente siguen sin acetar una negativa. Me acerqué a ellos y me senté en el borde de la cama junto a la niña. 
- Propongo un juego. - dijo sonriente y muy emocionada. - consiste en que cada uno tiene que decir una oración con sentido y el siguiente debe continuar con otra frase para que al terminar la ronda hayamos completado un cuento. 
No estaba conforme con el juego, nunca me habían gustado esos tipos de pasatiempos, pero como ya he dicho Lola no no aceptaba un no por respuesta. Desde aquel día Lola y yo nos hicimos muy buenos amigos. 

Hoy quince años después de esos días, vuelvo junto a Lola a aquella habitación, para acomodar a mi hijo. Me enfadé mucho con mi padre siendo niño y ahora que estoy haciendo lo mismo con mi hijo que él hizo conmigo, sé que no fue fácil para él, espero que este donde este pueda perdonarme, porque ahora sé que no me abandonó allí por gusto. Lola me abrazó el brazo izquierdo y pude sentir el tacto del oso de peluche destrozado y con parches, que fue nuestro compañero de viaje y que ahora lo sera para nuestro hijo. 



jueves, 5 de febrero de 2015

Micro-Historia de un unicornio: Reflexión.


Las cortinas mecidas por el viendo. El frió que rozaba su piel y le ponía los vellos de punta. Así eran las madrugadas antes de que todo se torciera. Me despertaba temprano para observarle dormir. No necesitaba nada para despertarme, simplemente me despertaba. Quizás simplemente no podía dormir y me imaginaba cosas mágicas. Escusas para ser feliz, quizás las escusas fueran simples motivos.
Esta madrugada ha sido igual de fría. Las cortinas seguían moviéndose, pero ya no tenia nada que observar. El frió que entraba, la única piel que tocaba era la mía. Cuando eres feliz se notan los motivos, pero cuando dejas de serlo no saber el por qué. Todo sigue igual, el sol ilumina los días, y la luna puede o no aparecer dependiendo del ciclo lunar, los autobuses siguen pasando cada media hora y los semáforos continuamente cambia de color.

Nada cambia, tan solo tú. Un día paseas por un parque sonriente agarra de la mano de la persona a la que amas y al día siguiente estas de camino a la estación de trenes para darle tu ultimo adiós y el sol no deja de salir, la luna sigue su ciclo, los autobuses mantienen su horario y los semáforos no cesan de cambiar, sin embargo, tu ya no paseas con una sonrisa. Las cosas que nos hacen  felices son tan simples que a la mínima la perdemos y no sabemos apreciarlo como de verdad nos gustaría.

Me levanté y cerré la ventana, para que el viento dejara de mecer las cortinas, para que el frío dejara de rozar mi piel, pero nada cambia fuera. Miré por la ventana viendo como "la vida" seguía su curso, el viento movía la copa de los arboles y la gente pasaba por la calle como si nada, con la mirada fija al frente. Miraba el exterior de mi ventana, como quien mira la televisión, esperando a que algo cambiara, sin embargo eso no pasaba. Me imagino que cuando amanecía junto a él, todo era igual ahí fuera, pero yo no era capaz de verlo o más bien no quería verlo.

Tardé varios minutos en reaccionar y salir de la habitación directa a la cocina para desayunar algo. Mi cuerpo. Era otra cosa que vivía ajena a mi. Mi cuerpo quería un poco de comida o un poco de agua, necesitaba ir al baño y mi pelo reclamaba a gritos ser peinado, pero yo no necesitaba nada de eso. Mi cuerpo lo necesitaba, pero lo único que necesitaba y necesito yo es ser feliz.

Mientras me tomaba el café sin quitar la vista a la cafetera, pensé en como podía referirme a "La vida". Eso que pasa mientras miras tu cafetera o lees mi blog. Eso que pasa cuando tu mismo estas viviendo tu vida, sea lo que sea lo que estés haciendo o como te estés sintiendo, hay algo ahí fuera que pasa y a lo que yo llamo "La vida", pero no se si es el nombre adecuado para eso.

Hace tiempo vi una película, que decía "Hagas lo que hagas en la vida sera insignificante..." la frase seguía, pero tanto él como yo, nos quedamos con esa parte, porque era a la que estábamos más acostumbrado. Ya podíamos desear salvar el mundo, la paz mundial que todo lo que pudiéramos hacer seria más inútil que construir un castillo de arena y vivir en él. Se que es inútil porque él lo ha intentado, él se ha ido para hacer algo que no resulte del todo insignificante, pero que sin duda será así. Él se marchó para hacer algo bueno por el planeta, pero siguen destrozando los parques de mi barrio y quemando los contenedores. Él se ha marchado y nadie lo ha notado. Tan solo yo.

Dejé el vaso en la encimera y me vestí para irme a trabajar. Mi trabajo, estar sentada frente a una caja registradora viendo pasar la vida y a gente que solo le importa pillar buenas ofertas. ¿Para qué? A veces me arrepiento de no haber seguido estudiando, de no haber hecho caso a mis padres, pero en cierto modo todos nos arrepentimos de eso, de no haber considerado las palabra de nuestros padres. Tampoco entendía porque debía estudiar o trabajar, no entendía porque tenia que elegir entre no disfrutar de "La vida" por no tener tiempo, por tu principal prioridad como estudiante  de sacar buenos resultados o no disfrutar de "La vida" por seguir las ordenes de un superior.

Yo estaba desgraciadamente ocupada siendo yo misma como para darme cuenta que ambas opciones tenían los mismos resultados. Igual se que no es tarde para retomar lo que había abandonado, pero le había echo una promesa y es que conseguiría hacer algo que que no fuera insignificante.

Att: Luce Blair (*)

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¿Y os preguntareis y esto a que viene? Pues sinceramente no tengo ni idea, lo encontré escrito en mi cuaderno de Filosofía, sin duda esa clase produce algo en mi. Escribo y escribo y al final eso queda en el olvido. En el cuaderno tan solo tenia puesto un breve resumen de lo que es todo esto... pero igualmente creo que es interesante, hasta que punto mi mente llega a funcionar en esa maravillosa clase. 
Y con estas me desmido, con una...
¡¡ DOBLE RACIÓN DE PURPURINA!!

martes, 6 de enero de 2015

El regalo.

Hace mucho tiempo, exactamente veintiún años, los nombrados y famosos Reyes Magos llegaron a una casa antes de lo que le tocaba. Allí vivía una feliz pareja que deseaban ansiosos tener una hija. Los tres magos encantados le concedieron el deseo y dejo a uno de los más bellos ángeles en el seno de aquella familia. El ángel creció siendo amada por todos los que la rodeaban. Complacidos por su "nueva" hija, los padres le colmaron de regalos y de cariño. El ángel vivió feliz, aprendió apreciar la buena música y la mejor de las literatura. Se esforzaba por ser mejor cada día para que sus padres estuvieran orgullosos de ella.

Pero no solo fue importante para sus padres, también para sus amigos. Todos el mundo que la conocía comenzaba apreciarla casi al instante. El ángel, hacia lo posible para que sus amigos fueran felices, lo que la convertía en la mejor amiga de todos. Con el paso del tiempo, el ángel se hizo una mujer, olvidando muchas cosas que habían formado parte de su infancia.

Tenia muchos cambios de humor y sus enfados provocaban tormenta. Solía salir de noche y le dedicaba poco tiempo a sus padres. El ángel había sido siempre un regalo para ellos, pero ahora estaba comportándose de un modo extraño y los padres no sabían como hacer que volviera a ser si niña de siempre.  El tiempo seguía pasando y el ángel, terminó sus estudios y comenzó a trabajar.

No volvió a ser la niña que fue, pero volvió a prestar atención a sus padres. El ángel dejo de ser un ángel, y se convirtió en una adulta responsable, pero aunque su condición celestial hubiera desparecido, ella siempre fue un hermoso regalo para todos aquellos que la conocieran.

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Es un cuento un poco cutre, he intentado reflejar lo que es la vida teniendo como protagonista a mi ángel y uno de mis mayores tesoro. Sandra. Cumpliendo recientemente 21 años, ha sido uno de los mejores regalos de la vida.
Te quiero Sandra,
Feliz Cumpleaños


Y me despido con una
DOBLE RACIÓN DE PURPURINA!!

domingo, 5 de octubre de 2014

Ven y Engórdame: Capitulo 1.


Capitulo 1: 

Las ganas del ir al instituto no existían nunca habían existido, pero me levante de la cama  y arrastre mis pies hasta la cocina donde Dulce Amargo se comía sus cereales con la boca abierta. Dulce Amargo era mi hermana pequeña luchaba por hacerme la vida imposible, se comía mi comida, pero aun así presumía de un cuerpo fino y sencillamente perfecto, nada que ver con mis pesados bultos sobresalientes sobre el pantalón.
Estaba todo el día comiendo, yo en cambio no. Dulce Amargo estaba todo el día patines arriba, patines abajo y diciéndome con sus enormes ojos maquillados "Tu nunca aprendiste". Y por eso estoy gorda, no solo por que no me privo de nada, si no porque no hago nada de deporte.

Abrí la nevera y saqué leche. "Muuuucha suerte" leí en la caja sobre el rascador para descubrir sorpresa. Nunca rascábamos. Vagamente me dirigí a la despensa y saqué el colacao. Cuando tenia las dos manos ocupadas decidí coger el vaso con el sobaco. Estaba saliendo de la cocina cunado recordé lo mas importante. LA CUCHARA. Solté un bufido y me di la vuelta. Conseguí abrir el cajón con el dedo meñique y metí la cabeza par agarrar una cuchara con los dientes. Tardé pero lo logré.

Me fui a la salita, donde me esperaba mi amado sofá. Tenia una relación extraña con los muebles de mi casa, pero mi sofá era especial. Me encantaría poder dormir ahí, acurrucada en sus grandes brazos rodeada de su mantita calentita y junto a una pila de libros en el lado derecho. Deje todo sobre la mesa y me senté.
Leche + 4(Cuchara-Colacao-Leche) lo moví varias veces hasta que la leche cogió un color marroncito y me lo bebí de un trago.

Cinco minutos después ya estaba en la puerta del instituto. No suelo ser tan rápida, pero ese día en cinco minutos ya estaba dentro del instituto sentada en el suelo leyendo un libro. Mis compañeros no tardaron en llegar, pero mi lectura fue larga ya que no me hablaba con ninguno. Las razones no eran concluyentes, pero siempre estaba sola. Era el Cake de la vergüenza, el último que queda en el plato y el que por tanto nadie se quiere comer. No era asocial, tenia amigos y amigas sueltas en los diferentes cursos de Dulce de Leche, pero siempre me tocaba la clase en la que todos los compañeros podían ser de todo menos simpáticos.

Después de una dura mañana, después de 30 garabatos en el margen de los cuadernos y 6 intentos de algo parecido al Manga, sonó última hora. Todos salieron a empujones al pasillo y algunos salieron por la puerta para huir de la mas dura clase. La última. Me quedé mirando la puerta con recelo, tenia ganas de irme. Ahora tocaba ingles y no recuerdo haber hecho los deberes que la profesora insistió que hiciéramos en este fin de semana. Tarde unos minutos en decidir volver a la multitud e ir a clase como una alumna aplicada, una alumna aplicada que no soy. Intenté no chocar con nadie. Encoger hombro izquierdo, luego el derecho, ahora ando de perfil. Miré mi reloj de pulsera. Llegaba tarde. Apresure el paso rozando a las personas. (Sí, bueno, no me gusta rozar a las personas desconocidas ¿vale?)
Los deberes, volví a recordar que no los había hecho y la humillación que sufriría entonces seria insuperable. Absorta en mis pensamientos choqué con alguien y mi archivador cayó al suelo y sus hojas se esparcieron, todos mis apuntes hechos caos. "Me Cago en la ****"pensé, pero mis labios soltaron la palabra "Mierda" Me agaché a recogerlos lo mas rápido que pudo y divise como mi amiga Piruleta me ayudaba. Cuando me puse en pie me tendió dos o tres folios que guarde en el archivador de mala manera.
- Lo siento, Cake. – Dijo Piruleta. – No te vi.
- No pasa nada, Piru. – Le sonreí. – Tengo un poco de prisa, clase con Amargura. - Solté como si eso explicara mi despiste y muchas otras cosas.
- Vaya lo siento. – Piruleta me dedicó una sonrisa. – Te presento a Cokie, es nueva. Ella es Cake.
- Encantada Cake. – Añadió la joven. No era muy alta y su figura quedaba escondida tras un gordo archivador. Vaya, ¿Estaba ahí cuando me levanté? Le dediqué una sonrisa vaga y ella me devolvió una tímida. Miré mi reloj llegaba 10 minutos tarde y podrían llegar a los 15 minutos si no me daba prisa.
- Igualmente. Adiós.
Y corrí hasta la clase. Obviamente llegué tarde.

¿Como fue para Cookie? -> Ven y estruchame. 

martes, 9 de septiembre de 2014

Ven y engórdame: Prologo.

Todo empezó un 30 noviembre. Cake llegaba tarde a clase y corría con la mirada perdida por el inmenso pasillo del instituto “IES Dulce de leche”. El timbre hacía tiempo que había sonado y todavía de todas partes salían alumnos que obligaban a Cake a disminuir su paso.  Intentó concentrarse  en no chocar con los alumnos que parecían pisar huevos, pero sus intenciones fueron en vano. Comenzó a pensar en si merecía la pena entrar en clase de Ingles ya que no tenía la tarea hecha y lo único que le esperaba era dos buenos sermones uno por haber llegado tarde y otro por no haber hecho los deberes que con tanto empeño la profesora mando para el fin de semana. Entonces chocó con alguien y su archivador cayó al suelo esparciendo todas las hojas.
 Mierda. – Dijo Cake mal humorada.
- Lo siento, Cake. – Dijo Piruleta.  – No te vi.
- No pasa nada, Piru. – Cake le dedicó una sonrisa. – Tengo un poco de prisa, clase con Amargura.
- Vaya lo siento. – Piruleta le dedicó una sonrisa. – Te presento a Cokie, es nueva. Ella es Cake.
 Encantada Cake. – Añadió la joven. No era muy alta y su figura quedaba escondida tras un gordo archivador, eso explicaba porque Cake no se había percatado de su presencia.
- Igualmente. Adiós.
Cake retomó su camino a toda prisa hacia la clase. Cuando llegó la puerta estaba cerrada. Cake se paró para tomar aire  y se apoyó agotada en la pared. Respiró hondo antes de llamar a la puerta y sumirse en un camino de humillación.  Tocó dos veces la puerta y luego la abrió lentamente asomando su rubia cabeza. Todas las miradas se clavaron en ella, la que más miedo daba, la mirada de la profesora. Amargura.
Cake cruzó el pasillo que formaban las mesas, mientras ignoraba los comentarios y risas que de ellas procedían. Se sentó en su sitio y comenzó a sacar los materiales. No se dirigió a la profesora en ningún momento y ella no interrumpió su clase. Gesto que agradeció. Abrió su cuaderno e intentó coger apuntes, pero la mente se empezó a distraer.
En su cuaderno empezó a dibujar galletas y tartas y su barriga no tardó en rugir y dar la primera señal de hambre. Se llevó el resto de la clase imaginando los distintos platos que su padre podría estar preparando justo en ese momento para el almuerzo.  Cuando el timbre que indicaba el final de las clases tocó todos comenzaron a recoger. La profesora Amargura llamó a Cake con la mano para que se acercara a su mesa. 
- Cake, ¿Por qué ha llegado tarde?
 No, es que… Salí tarde de la anterior clase.
-  Tus compañeros también tenían una “anterior Clase”
 Estoy segura que mis compañeros no tienen tantas dificultades para la física como llevo teniendo yo este curso.
Dicho eso, Cake salió de la clase y cerró la puerta con demasiada fuerza. Caminó a pasos ligeros de camino a la puerta donde Piruleta se abalanzó sobre ella.
- ¿Qué tal la clase, Cake? – Dijo rodeándola aun con sus brazos.
-   No voy a volver a entrar… - Cake dedicó una sonrisa a Piru y a la alumna nueva ¿Cómo se llamaba?
- Vaya.... ¿Y qué harás por tu cumple? Helado de fresa y yo ya hemos pensado que regalarte. – Piru se alejó de ella y le dedicó una sonrisa.
-   Pensé en ir al parque Cumbre de azúcar…pero ya creare un grupo de WhatsApp.
- Buena idea, lo pasaremos bien Cake, ya verás.
 Tú también puedes venir si quieres. – Cake se dirigió por primera vez a ella, que le dedicó una sonrisa y asintió. Era una chica guapa, tenía el pelo casi negro y unos ojos color caramelo cremoso. Cake le dedicó otra sonrisa, mientras intentaba recordar su nombre “¿Marta, Chari, Pocahonta…Esmeralda…?”

Volvieron a casa las tres juntas, primero fueron a casa de Piru que vivía más cerca  y donde se pararon a hablar de libros y de películas que recientemente habían publicado y estrenado. Piru entró en su casa dejándolas solas. Ambas chicas se quedaron en la puerta hablando un poco, donde coincidieron en gustos literarios, cinematográficos y demás. Quedaron para ir al fnac y comprar nuevos libros.  El resto del camino a casa lo hicieron juntas y en ningún momento se atrevió a preguntarle cómo se llamaba. 

lunes, 1 de septiembre de 2014

Micro-historia: No es un poema.


ELLOS (Segunda Parte)

Ella le dijo ven.
El dijo que no podía.
Ella se cansó de esperar.
El no la entendía.
Ella le dejo.
El quiso ir.
Ella le dijo que no.
El le dijo que iría, que necesitaba verla.
Ella le sigue esperando...


viernes, 29 de agosto de 2014

Micro-historia: No es un poema.


ELLOS

Ella lo da todo.
El lo da todo.
Ella quiere que el sea feliz.
El quiere que ella sea feliz.
Parece perfecto ¿Verdad?
Ella intenta transmitir lo que siente para gritarle ayuda.
El no la entiende, pero quiere entenderla.
Ella sigue llorando.
El intenta ayudarla.
Sigue pareciendo perfecto ¿Verdad?
Ella sigue gritando lo que quiere y lo que necesita en forma de cancion.
El no la entiende y sigue sin entenderla.


¿Continuara o lograran ser felices?

jueves, 24 de julio de 2014

Micro-historia por un unicornio: Otro amor vendrá.

La habitación se me estaba quedando pequeña, pero aun no estaba preparada para salir a la calle. Cada tarde al despertar de la siesta me entretenía en leer todos los mensajes y correos de amigos que me animaban a salir y a divertirme, pero nunca contestaba. Ellos no se rendían, mi madre entraba en mi habitación a interrumpir mi tranquila soledad para decirme que había alguien al teléfono, pero nunca decía el nombre que deseaba escuchar. Víctor. Hacia seis meses que lo habíamos dejado, bueno que yo le había dejado. Cada día que pasaba me sentía mas culpable del fin de nuestra relación y me arrepentir de haberle dicho "¿Quedamos como amigos?", aun siento alfileres en el pecho cada vez que pienso en lo ocurrido. Cada rincón de la habitación me recordaba a él y era incapaz de dejar de pensar en el ni siquiera un instante. Aun tengo fotos de alguno de los momentos que han quedado petrificados, los fines de semana en la playa y aquellas vacaciones en las islas. Debería haberme desecho de ellas, pero no podía desprenderme de un recuerdo tan bonito.
Tumbada en mi cama se podía ver las estrellas cada noche desde la ventana, era una de los pasatiempos favoritos de Víctor. 
Cada tarde al llegar de la academia, me sentaba en mi escritorio a terminar la tarea mientras el me esperaba tumbado en mi cama, mirando la ventana cuando aun el sol podía alumbrar la habitación, canturreaba canciones o leía un libro, siempre pacifico y calmado esperando que me reuniera con él. Una vez hecha la tarea, el sol solo dejaba escapar algunos rayos naranjas que apenan podían iluminar la habitación entera. Me tumbaba junto a el y apoyaba mi cabeza en su pecho mientras el seguía leyendo, solía acariciarme la cabeza con su mano libre y me susurraba "por favor pasa me la pagina" solo para no dejar de tocarme el pelo. 
Nos quedábamos así hasta que el sol ya no alumbraba. El cerraba el libro y lo dejaba en la mesita de noche. Me besaba la frente, luego la nariz, hasta terminar en mis labios donde jugaba con mi labio entre sus dientes. No necesitábamos hablar, casi nunca lo hacíamos. 
Después de desatar toda la pasión acumulada, nos quedábamos mirando la ventana y uniendo estrella con estrella con lineas imaginarias creando nuevas constelaciones que solo para nosotros tenían significado. 

No se como ocurrió, pero él cambio, yo cambie y nada volvió a ser lo mismo. Él no era el mismo. 

Me incline para coger el portátil, hoy no tenia ganas de dormir siesta, así que iba a pasar a lo de leer los correos, si es que hoy había recibido algunos. Tenia 5 correos de Oscar y unos 10 de Lola. ¿No se cansaran? Leí el primero.
 "Hola caracola, se que estas mal, pero no puedes faltar a mi cumpleaños. SOY TU MEJOR AMIGO no me abandones por un bipolar. ¿Que culpa tengo yo que las hormonas le hallan trastornado? Por favor ven a mi cumpleaños y responde por el amor de dios. 
Esta tarde en el bar de mi tío Enrique a las 18:30, la fiesta no tendrá fin. Así celebramos también que te has quedado soltera."  
Entrecerré los ojos. Oscar a veces tenia muy poco tacto. Borre ese correo y los otros cuatro, me imaginaba que serian un poco mas de lo mismo. Luego abrí uno de Lola. 

"Laura, ¿Sabes cual es el compuesto qui mico para evitar un embarazo? ..... (Tiempo para pensar) ... Nitrato de meterla...(Tiempo para reírte)  Laura tía, te hecho de menos por favor ábreme la puerta algún día, cógeme el teléfono. Sé que lo estas pasando mal, pero no puedes estar en casa llorando y comiendo Helado... (Tiempo para que me digas... "La que comes helados cuando esta triste eres tu")... Bueno, tu me has entendido. Esta tarde es el cumple de Oscar voy a recogerte a las 6. Te quiero Besos." 

Leí los otros 9 correos de Lola, eran chistes con muy poca gracia. Miré el reloj. 17:57. Bueno, quizás sea la hora de salir. Me levanté de la cama y abrí el armario para examinar mi ropa. Hacia seis meses que tan solo abría el cajón de los pijamas y el de la ropa interior. Encontré una blusa de color azul y unos vaqueros cortos. Escogí eso, saque unas manoletinas de debajo de la cama y salí del cuarto justo cuando Lola llamó a la puerta. Me adelanté a mi padre para abrir la puerta y al ver a Lola me lancé a sus brazos.

- Lola, Te he echado de menos.
- Cualquiera lo diría. ¿vamos? - dijo tendiéndome el brazo. 

Ambas no fuimos agarradas del brazo hasta el bar del tío de Oscar. Cuando llegamos Lola me soltó para abrazar a sus amigos y fue entonces cuando sentí un golpe en él lado derecho y caí al suelo. 
No lo había visto llegar, pero un chico con una bicicleta se abalanzó sobre mi cayendo con todo su peso y la bici encima de mi. Me pintaban los oídos desde que mi cabeza golpeo el suelo, pero podía leer en los labios de un rostro difuminado "Perdona, lo siento, disculpa". El rostro poco a poco fue aclarándose y el pitido ceso con bastante rapidez, Lola se había sentado junto a mi y tendía un abolsa de hielo. 
- Perdona. - pude oir que decia el chico. 
Me fije entonces en él. Tenia el pelo corto y castaño, no dejaba de rascarse y de pasarse la manos sobre la nuca. Su mirada recorría mi cuerpo de arriba abajo y la mueca de sus labios dejaban al descubierto todo tipo de preocupación. 
- No pasa nada. - Logre decir. - No duele tanto como aparenta.
- Lo lamento de verdad. - Dijo mirándome a los ojos. 
Siento que me templaba todo el cuerpo mientras conducía la bolsa de hielo sobre la zona que mas me dolía de la cabeza. Estaba nerviosa pero le mantuve la mirada. Sonreí. No era el momento, pero no pude evitar sonreír. En realidad no me dolía nada y su rostro lleno de preocupación me hacia sentir "magistralmente" bien. Entonces su rostro cambio de preocupación a satisfacción. Me dedico una sonrisa. 
Y allí nos quedamos. Yo sentada en el suelo mirando como una completa gilipollas a un chico de cuclillas que había tenido un torpe accidente en bici. 
Supe en ese preciso instante que una nueva y apasionante historia de amor se asomaba a mi vida. 

miércoles, 22 de enero de 2014

Micro-historia por un unicornio: Hermana.

Era de noche y mi hermana aun no me habia llamado y comenzaba a temer que le hubiera pasado algo. Decidí salir a dar un paseo por el paseo marítimo, la luna brillaba como nunca, sentía que brillaba solo para mi. Era viernes y eso se notaba en el ambiente nocturno. Viernes, mi cumpleaños y yo paseando sola. Esboce una sonrisa para mi adentro con un poco de sarcasmo en ella. En el fondo sabia que esta soledad era merecida, trate mal a demasiada gente, pero nunca fue mi intención. Hacia años que pasaba este día sola, pero mi hermana nunca había faltado, siempre me había llamado o visitado. Era extraño que se retrasara tanto. Comencé a bajar las escaleras del paseo marítimo para poder enterrar mis desnudos pies en la fría arena. Ahogué un grito al contacto con la arena y emití una sonrisa. He sido durante mucho tiempo una mala compañia para muchos y sentía que este era mi castigo. Me lo merecía.
Me dirigí a la orilla para mojarme los pies. No había nadie en la playa hacia frío, un frío habitual en un día de enero. Me senté en la arena con los pies en la orilla, dejando que las olas llegaran para mojarmelos.
"Tirintirin tirin tiriiin" comenzó a sonar mi teléfono, lo saque del bolsillo de mi sudadera. Era mi hermana, me alegre de ver su nombre en la pantalla de mi móvil.
- ¿Si? - pregunté al descolgar.
- Felicidades, Sel.- Sonreí era lo que llevaba esperando en todo el día. - Lamento llamar tan tarde. ¿Estabas dormida?
- No, para nada, esperaba tu llamada. - confesé.
- Que mona.
"Te quiero" era lo que mi corazón quería decirle, pero que mis labios no se animaban a pronunciar. Ella siempre había estado ahí y yo nunca supe verlo, ahora era lo único que tenia y no me animaba a agradecerselo, seguían si poder dar una muestra de cariño.
- Gracias. - me animé a responderle, mis lágrimas se llenaban de lágrimas, no por alegría, no por tristeza si no por la impotencia de no poder decirle: "Te necesito"
PD: Consejo, si tenéis hermanos cuidarlo, ellos nunca te fallaran y siempre estarán ahí.
Felicidades Gema.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Pequeñas historias de un Unicornio: Lecciones de la vida...



je t'adoreLlegué a casa a las once y media de la noche, no podía aguantar ni un minuto mas, fui a mi habitación y comencé a llorar. ¿Que hacer ahora? No sabia a quien acudir, ¿Quien va a secar estas lagrimas? Me acosté en la cama sin dejar de llorar. Mi móvil sonó, y alargue la mano para cogerlo. Había recibido un Whatsapp, de ella. Hacia tan solo veinticuatro horas, ella estaba aquí conmigo y ahora una distancia tan lejana como la vida y la muerte nos separaba. El mensaje decía: "Estoy llegando, puedo ver la torre Eiffel. Esto es un sueño" Mi amiga, Hikari, había viajado a Francia para cumplir su sueño. Un sueño que bien podría haber echo esperar, pero ella quería ir antes de cumplir la mayoría de edad y ahora nunca lo sera. Aun la recuerdo sonriéndome cuando se despidió de mi en el aeropuerto, días antes habíamos discutido y tuve que renunciar a mi odioso orgullo para patearme la ciudad e ir a despedirme de mi mejor amiga. Ahora sé que hice lo correcto, porque no perdonaría haberla perdido sin haber estado el mejor y ultimo día de su vida apoyándola. Hikari me apoyaba en todo, en lo bueno y en lo malo y nunca se enfadaba conmigo, siempre era yo quien se enfadaba y le dejaba de hablar, ahora entiendo lo infantil que era, nunca se mereció que la tratara así. Jamas me imagine que algún día dejaría de contar con su apoyo. Mi hermano entro en mi habitación interrumpiendo mis tristes pensamientos.
Nami, ¿Se puede? - asentí. 
Mi hermano se acercó hasta situarse a mi lado, sabia lo que iba a pasar me iba hacer la pregunta mas idiota del mundo. En otro momento por esta pregunta tan obvia le habría pegado una colleja de las buenas. 
- ¿Estas bien? - lo sabia. Le sonreí, en realidad se me escapo una sonrisa, por mi acierto. 
- No, hermanito. - Miré hacia el móvil y volví a leer el ultimo mensaje que me mando. - No estoy bien. 
Mi hermano se sentó junto a mi. Y me acaricio el hombro. El y yo nunca nos habíamos llevado bien, la mayor parte del tiempo la llevamos sin hablarnos y el tiempo restante discutiendo. Siempre nos habíamos demostrado odio y desagrado el uno por el otro, pero míralo, el peor día de mi vida, sentado a los pies de mi cama mirándome como si el también hubiera perdido algo importante en su vida. Hay es cuando entendí lo importante que era para mi. Hikari, que era como una hermana para mi, ahora no estaba y sin ella estoy sola. Si una cosa sé es que no volveré a cometer los mismos errores que con ella. A partir de ahora aprenderé apreciar lo que tengo por que... mañana quizás no lo tendré mas.
Me incorporé y abracé con fuerza a mi hermano.
- Daisuke. - le llamé. - te quiero.