Capitulo 4
El
olor de las castañas invadía toda la calle. El olor de la navidad
ya estaba en el aire, pero las calles aun no estaban iluminadas. Y
por eso estaba aquí. Había quedado con un grupo de amigos para ver
la inauguración de la navidad, pero aun era muy (demasiado) temprano
para eso, antes había quedado con Petit Suit para ponernos un poco
al día. Nos habíamos citado frente a la puerta de fnapolitana, una
gran tienda donde venden absolutamente de todo desde artilugios de
cocina a todo tipo de videojuegos. Allí pasábamos la mayor parte
del tiempo, tenia tres planta y el edificio era demasiado extenso.
Me
senté junto a la puerta del Fnapolitana y allí abrí mi libro de
Diverchuches, estaba muy interesante y me resultaba difícil dejarlo
en casa. Resulta que el protagonista le dice a la otra protagonista,
de la cual acaba totalmente enamorado, que solo iría a su funeral si
hay pastel. Me empezó a gustar desde ese preciso momento (Como
decimos los jóvenes de hoy día: Me mató)
Media
hora después miré hacia arriba instintivamente y vi una chica de
estatura baja. La reconocí en seguida y sonreí.
-
Cake. - Dijo Petit Suit - ¿Llevas mucho tiempo esperando?
-
Bueno llegué mucho antes de lo acordado.- Dije poniéndome en pie
para darle un abrazo, la notaba más pequeña. - ¿Donde y cuando
hemos quedado con el resto?
-
En el parque de las palomitas. - Se miró el reloj. - Dentro de
aproximadamente tres horas.
-
Buaah, - Dije guardando el libro en la mochila. - ¿Y que hacemos?
-
¿Entramos? - Dijo señalando la puerta del Fnapolitana.
-
Vale, pero... - La miré a los ojos y ella me correspondió con su
mirada tierna rebosante de alegría y sus finos labios dibujando una
sonrisa. Sabia que iba a decir. - empezamos por la ultima planta.
-
Completamente de acuerdo.
Subimos
las escaleras mecánicas, mas bien las escaleras no subieron a
nosotras, pasamos frente a los utensilios de reposterías y me acordé
de las galletas que me preparó la chica de chocolate. De repente
tuve la tentación de hablar de ella. Petit me contaba como de mal le
habían salido los exámenes, así que me limite a mirar la y
escuchar sus meteduras de patas. Sé que no le gusta hablar de sus
exámenes una vez estos han terminado, pero parecía muy indignada
solo le había salido mal uno de los cinco exámenes que había
tenido, pero ahora me estaba repitiendo tanto sus errores como sus
respuestas correctas a la perfección y de memoria.
-
¿Y a ti, como te va? - Me preguntó para calmar su indignación.
-
Mal, voy abandonar el curso.
-
Intentalo. - Dijo un poco apenada al ver como tiraba la toalla.
-
Petit, aunque lo intente, estoy suspendiendo todo, he faltado por
temas medico los primeros días de clase y no hay ni un alma
caritativa que se anime a dejarme los p***s apuntes.
-
Lo sé, es una p****a y una pena porque sé que puedes sacar el
bachiller estupendamente.
-
Yo también lo sé. Petit empezó a reírse y como su risa es
contagiosa yo también acabe riéndome.
Una
vez en la ultimas plantas nos vimos todas las estanterías que había
en la sesión juvenil. Después de haber añadido mas de cincuenta
libros a la lista, nos dejamos caer en los asientos de la cafetería
de la segunda planta y allí pasamos las tres horas hasta la hora
acordada.
-O-
Las
calles estaban iluminadas, el maravilloso momento lo habíamos vivido
en la Seta, un extraño “edificio” con forma de eso, de seta
bastante alto que habían puesto en esa plaza porque quedaba bonito,
de donde se puede ver gran parte del centro de mi dulce ciudad.
Cuando hubimos bajado de la Seta decidimos despedirnos y que cada uno
se fuera a sus respectivos quehaceres, algunos se iban de fiesta
nocturna y otros a sus correspondientes casas. Acompañé a la
estación de autobús a Patata que iba a pasar el fin de semana al
pueblo, allí podía coger la linea tres y llegar ami casa así que
no me resulto ningún problema acompañarla.
-
Te veo rara. - Dijo Patata minutos antes de llegar a la estación.
-
No sé. - Dije pegando le una patadita a una lata de refresco.
-
Estas distraída. - Aclaro.
-
Bueno, eso siempre.
-
Ya, pero hoy más, hay alguien. - Dijo parándose en secó y
haciéndome girar. - Cake se hace mayor.
-
No...
-
¿Como se llama?
-
NO LO SÉ. - Chille de frustración. - No sé su nombre.
-
Ah. - Dijo y comenzó andar. - No me esperaba esa respuesta.
Guardamos
silencio hasta llegar a la estación, ella entró y yo me fui a la
parada de la linea tres. No había mucha gente y las pocas que había
estaban de pie, así que pude sentarme a esperar. Saqué Diverchuches
y me puse a leer bajo la luz de una farola y miles de bombillas de
colores. No tardo mucho, tres paginas y medias, para ser exactos.
Mientras la gente se subía y picaban miré al interior para
comprobar que estaba que estaba vació. Que suerte. Guardé
Diverchuches pero no cerré la mochila del todo, ya que pensaba
volver a sacarlo una vez que me hubiera acomodado en algún asiento.
Entré y caminé por el estrecho pasillo hasta que el autobús
arrancó y tuve que pararme para agarrarme bien a la barandilla.
Divise dos asientos libres al final, en cuanto hube recuperado el
equilibrio comencé a caminar hasta allí agarrándome de asiento en
asiento. Me disponía a sentarme en el asiento junto a la ventana,
pero la acción no llego a producirse del todo.
-
Cake. - Esa voz. La reconocí en seguida. Miré a mi derecha y allí
estaba la chica de chocolate sentada junto a la otra ventana. Me
miraba con los ojos muy abierto, casi podía decir que parecía
haberle arreglado el día. Y tenia un sitio libre al lado. Le dediqué
una sonrisa y me incorporé de nuevo para sentarme junto a ella.
-
Hola. - No supe que decir, estaba un poco nerviosa.
-¿Que
haces tu por aquí? - Dijo para romper el hielo, lo agradecí, porque
si tiene que esperar a que lo haga yo, nos llevamos todo el trayecto
sin hablar.
-
Quedé con unos amigos. ¿Y tu?
-
Igual...- Bajo la mirada, hasta ese momento no me había percatado de
que iba vestida muy arreglada, con un poncho marrón y unas mallas
perfectamente conjuntado. Alzó la mirada, pero me la dirigió a mi.
Estaba maquillada.
-
¿Por qué?
-
¿Por qué qué?
-
Estas maquillada. - Yo digo cosas obvias de vez en cuando.
-
Si. - Dijo dedicándome una media sonrisa forzada. Estaba triste.
-
Estas triste. - “Deja de decir cosas evidente” me ordené.
-
No, no mucho la verdad, podría estar peor.
-
Puedes contármelo. - “Total quizá mañana no lo recuerde, como tu
nombre” pensé.
-
No es necesario, solo que esta no soy yo. - Dijo señalando toda su
cara maquillada. - Y me has visto así y...- se quedo callada mirando
como la puerta del autobús se abría y se cerraba varias veces,
antes de volver arrancar, hasta entonces no me había percatado de
que el se habían pasado tres o cuatro paradas desde que me subí.
Como no terminaba la frase le di un codazo para traerla de vuelta a
la tierra.
-
y...
-
Ahora pensaras que soy una pija...
-
¿Una pija? Si solo estas un poco maquillada.
Me
dedicó una sonrisa y me descubrí sonriendo con ella. Quise
preguntarle que que había hecho, pero no quise meter la pata,
entonces le enseñe la lista de libros que había leído que había
recopilado en el fnapolitana y le hable un poco de mis amigos. Le
conté como me lo había pasado con la única intención de que se
riera de lo absurda que solían ser las quedadas con mis amigos. Lo
conseguí porque a la tercera experiencia estaba llorando de risa
junto a mi.
Llegamos
a Pino Montaito.
-
¿Donde te bajas?
-
En la primera, ¿y tu?
-
En la tercera.
-
Bueno, entonces me despido ya.
-
Adiós. - Me puse en pie para que pudiera salir sin problemas.
Entonces
empujó de mi hombro haciendo inclinar todo mi cuerpo hacia ella y me
dio un beso en la mejilla, provocando en mi rostro como un exceso de
coloretes demasiado notables y lo peor: no lo pude evitar. Las
puertas del autobús se abrieron y la chica del chocolate se apresuró
a atravesar la antes de que se se volvieran a cerrar. Me quede allí
quieta sin moverme hasta que el autobús arrancó y me obligó a
reaccionar para no caerme. Me había dado un beso, en la mejilla, si,
pero un beso al fin y al cabo Y YO AUN NO SABIA SU NOMBRE.