viernes, 20 de febrero de 2015

Micro-Historia de un unicornio: Regresar con esperanza.

Recuerdo de aquellos días, que sentía que todos me ocultaban algo. Eran frecuentes las visitas al médicos y no entendía por qué, yo me encontraba bien. Mi madre decidió cortarme el pelo pese a que me negué con todas mis fuerzas. Tengo también muy presente el odio que sentí hacia mi padre cuando me dejo en aquella habitación juntos  un montón a niños vestidos con la misma bata y con el pelo muy corto. Era como uno de esos campamentos militares a los que mandaban a los niños para prepararlos para ser soldados en las películas, pero en batas, ademas de que los niños no parecían estar en muy buena forma. Me obligaron a vestir una de esas batas y me asignaron una cama, en cuento me instalaron mis padres se fueron. Yo no lloraba, aunque ganas no me faltaban, pero estaba demasiado enfadado como para mostrar debilidad.  Me senté en la cama que me habían asignado mirando a los niños que había en la habitación, todos me miraban, como si esperaban algún gesto amable de mi, yo nunca he sido amable con nadie, ellos no iban a ser una excepcion. Al cabo de unos minutos, todos volvieron a sus juegos a sus vidas felices, sus risas y sus conversaciones. Todos dejaron de prestarme atención, menos una niña, no aparentaba más de cuatro años, tenia unos enormes ojos azules y un pelo muy, muy, muy corto. Lucia una horquilla de Hello Kitty en la cabeza y sonreía. Me hizo un gesto amable con la mano en modo saludo, me fije que abrazaba a un oso descuidado, con parches y algún que otro agujero de donde sobresalían un poco del relleno. 

Al día siguiente mis padres vinieron a verme y yo no les quise dedicar ni una mirada, durante la visita ellos prometían llevarme a DisneyLand y visitar algún que otro sitio este verano, pero yo no me creí ni una palabra. Yo no sabia porque razón me habían alejado de mis amigos de la escuela, me habían alejado de casa y de mis juguetes, estaba realmente enfadado. Cuando se marcharon aquella noche y me quede de nuevo solo con esos niños desconocidos no pude evitar, me escondí entre las frías sabanas que me habían colocado nuevamente en la cama esta mañana y lloré. Fue entonces cuando sentí que alguien rozaba la sabana, me destapé de golpe para descubrir a la niña de enormes ojos azules colocando el oso de peluche sobre mi sabanas.
- ¿Que haces? - dije cogiendo el oso. 
- Yo ya no tengo miedo. - me dedicó una sonrisa, pero no me cautivo. Alce una ceja.
- Yo no tengo miedo. - me queje. 
- ¿Y por que lloras? - me lleve una mano a los ojos para descubrirlos húmedos, me los sequé con la manga. 
- No te importa. - dije tirando el oso de peluche al suelo. - y lo que menos necesito es un juguete roto. 
- Nosotros también estamos rotos. - dijo agachándose para recuperar el oso. - y nadie nos trata así.
- Nosotros somos seres humanos no podemos rompernos. 
- Sí que podemos, o al menos enfermamos.- volvió a dejar el oso sobre mi cama. 
- Yo no estoy enfermo. - me defendí.
- ¿Y por qué estas aquí? 
Me quedé pensando un rato, el tiempo necesario para que ella volviera a su cama, se sentara en ella y se acomodara. Aun no dejaba de mirarme, entonces sí, no pude evitar una sonrisa. Cogí el oso y me escondí entre las sabanas abrazada al oso. 
Al tercer día me llevaron a una habitación muy extraña, me pidieron que me tumbara en un extraña camilla que luego introdujeron en un túnel, conmigo dentro. Fueron los minutos más largos de mi vida. Mi madre, desde el exterior, no paraba de decirme que no me moviera, que era importante que me estuviera quieto. 

Había un chico que apenas podía moverse, su movilidad estaba limitada por un montón de tubos que le conectaban con distintas partes de su cuerpo. La niña de enormes ojos se reunió con el resto de niños alrededor de aquel chico. Me llamó varias veces, pero no tenia ganas de relacionarme con aquellos niños tan extraños, pero esa niña no aceptaba un no por respuesta y de hecho actualmente siguen sin acetar una negativa. Me acerqué a ellos y me senté en el borde de la cama junto a la niña. 
- Propongo un juego. - dijo sonriente y muy emocionada. - consiste en que cada uno tiene que decir una oración con sentido y el siguiente debe continuar con otra frase para que al terminar la ronda hayamos completado un cuento. 
No estaba conforme con el juego, nunca me habían gustado esos tipos de pasatiempos, pero como ya he dicho Lola no no aceptaba un no por respuesta. Desde aquel día Lola y yo nos hicimos muy buenos amigos. 

Hoy quince años después de esos días, vuelvo junto a Lola a aquella habitación, para acomodar a mi hijo. Me enfadé mucho con mi padre siendo niño y ahora que estoy haciendo lo mismo con mi hijo que él hizo conmigo, sé que no fue fácil para él, espero que este donde este pueda perdonarme, porque ahora sé que no me abandonó allí por gusto. Lola me abrazó el brazo izquierdo y pude sentir el tacto del oso de peluche destrozado y con parches, que fue nuestro compañero de viaje y que ahora lo sera para nuestro hijo. 



5 comentarios:

  1. Hola te he dejado un premio en mi blog, pásate a recogerlo. Besos http://mismomentosderelax.blogspot.com.es/2015/02/one-lovely-blog-award.html

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  2. Hola me ha gustado tu micro-relato, vengo de la asociación asi que saludos

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  3. Tus micro-historias son siempre tan tristes, pero dice mucho de ti mi unicornio depresivo.

    Haber si saco tiempo para charlar contigo, besitooos Lu.

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  4. Me encantó la micro-historia es triste, pero muy emotiva.

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    Respuestas
    1. Si bueno, es triste, pero ... espero que se haya captado el mensaje. ^-^

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