viernes, 25 de diciembre de 2015

Mini- relatos de un unicornio: ¿Y si volvió por navidad?

Imagen de light, christmas, and winter
Me desperté un poco confusa. Miré con atención el techo, más concretame la lampara, no tenia bombillas, para variar, reconocí la habitación tan solo por ese detalle. Era la habitación de mi hermano y su esposa. Lo que no podía explicarse era el motivo de su presencia en esa cama. Me incorporé y me senté frente al espejo. Se me veía joven, sin duda no me recordaba así antes de...¿Antes de qué?  Me puse en pie confusa, me mire en el espejo con más atención. La chica del espejo era una joven que no aparentaba más de 17 años, sin embargo lo ultimo que recuerdo fue haber celebrado una cena de navidad con compañeros de empresas, y juraría haber cumplido ya los 60. Moví las extremidades para comprobar que el reflejo me imitaba, sin duda era yo, mucho más joven y con el pelo mucho más largo y recogido en dos trenzas. Suspiré, la envidia de cualquier persona levantarse joven.

Llena de energía baje las escaleras de la casa,para encontrarme con mi familia. ¿Como reaccionarían a tal cambio físico? Baje las escaleras en un santiamén y me encontré en la entrada con comida de perro. ¿Desde cuando teníamos perro?  La aparté con el pie y seguí mi camino. Me dirigí al comedor donde me encontré con una habitación vacía. Sin embargo en la casa había alguien podía sentirlo, podía sentir una mirada sobre mi.

- Estarán en el baño. - Me dije, mientras me giré hacia esa dirección.

En el trayecto del giro, vi la que fue un día mi habitación, un anciano me miraba, estaba sentado en la cama, parecía mirarme, pero no parecía que me viera de verdad, en realidad, no parecía que viera nada. Me acerqué a él descubriendo que no me seguía con la mirada, que la mantuvo fija. El rostro cada vez me fue más familiar, cada vez que me acercaba, sentía reconocerlo más y más. Se trataba de mi hermano. Ahogué un grito. Mi hermano, siempre joven, siempre lleno de vida, siempre activo, estaba ahora en una cama, mirando la nada, con una mueca y sin parecer tener intención de moverse. Parecían haber pasado años desde la ultima vez que lo vio, sin embargo siento que fue ayer cuando me despedí de él para asistir a aquella cena.  Quise acariciarle, pero el sonido de la cisterna del baño me detuvo.  Su esposa apareció por la puerta de la habitación, al mismo tiempo escuche como alguien entraba en la casa.

- ¡Ya era hora que vinieras! - Dijo, la que una vez fue mi cuñada, ella no había cambiado mucho, alguna que otra arruga más si que decoraba su cara y parecía haber engordado un poco, sin embargo pude reconocerla a la primera.
- Estaba ayudando al tito a poner la mesa. - Dijo la voz de mi sobrina. Apareció por la puerta y entró cambiando la cara de seriedad a una fingida y exagerada felicidad. - ¡Hola padre! - Grito, mi hermano movió la cabeza hacía ella y le regaló una sonrisa. Una sonrisa que me partió el alma.

Nadie me ha dicho nada, nadie se ha percatado de mi presencia y mi inesperada juventud, solo pude tragar saliva y seguir observando la escena. Entre las dos sentaron a mi hermano en una silla de rueda y se lo llevaron, mientras mi sobrina cantaba en leves murmullos un villancico, un villancico que yo solía cantar. Los seguí en silencio.
Entramos en la casa de mi primo, donde la decoración navideña sobrecargaba la casa , con esfuerzo entraron la silla y acomodaron a mi hermano en un sitió del salón. Era navidad. Obviamente, lo ultimo que recuerdo fue haber quedado con unos compañeros para celebrar la llegada de esta fecha, pero yo no deje las cosas así y mi inesperada juventud...solo implicaba que no estuviera viva. ¿Estoy muerta? Miré otra vez a la mirada ausente de mi hermano y a esa mueca que parecía estar siempre presente en su rostro. Asustada salí de la casa y comencé a correr. Correr como nunca pude hacer en vida. Corrí por todo el pequeño barrio iluminado por esas luces navideñas, hasta que mi falso aliento me detuvo frente a una fila de coches aparcados. Una familia se bajo de un coche, me senté en el bordillo de la acera y los observe mientras recuperaba un poco el aire. Esa familia...me era familiar.

No pude creerlo cuando se acercaron donde yo me encontraba, era mi sobrina mayor con sus dos hijas y su marido. Esas dos niñas que había visto por ultima vez, ya no eran niñas. Me puse en pie y los seguí. No iban dirección a casa de mi hermano. Recuerdo que ellos nunca pasaban la navidad con nosotros. Observe a las jovencitas que había sustituido a las pequeñas mujeres de la casa. Una elegante con el pelo largo, con una figura delgada embutida en un vestido ajustado con unos zapatos de tacón. Tenía unos ojos cargados de maquillaje y parecía distraída. No pude reconocerla, me concentre en la otra, Tenía unos zapatos sencillos y un vestido simple de encaje, el pelo corto y suelto, su cara reflejaba un rostro triste aunque lucia una sonrisa de oreja a oreja. No estaba maquillada, y pude reconocerla. Habían crecido mucho. Parecía que el tiempo solo había pasado para ellas y para mi hermano.

Seguí a la familia hasta un bloque donde entraron sin llamar, entre con ellos como si formara uno más de ellos. Abrimos la puerta de un piso y entramos todos. Reconozco la casa, es la casa del marido de mi sobrina, bueno, la de su madre. Un par de niños salieron a recibir a la familia. Uno pude reconocerlo, rizos rubios y tímido. La niña rubia también, y con unos rizos que caían a sus hombros, no pude reconocerla, no recordaba una niña tan pequeña en aquella familia. Sin duda el tiempo también había pasado para aquel niño. Sonreí ¿Quien no sonríe al ver la ilusión de un niño en estas fechas? Dios mio como ha cambiado las cosas. ¿Cuanto tiempo hace que estoy muerta? Me pregunté sin miedo. Me senté en el suelo y observé como todos comenzaban a sentarse en una enorme mesa. Comenzaron a comer y me dí cuenta de que algo también había cambiado: El padre del marido de mi sobrina. No estaba, el no estaba.

Abrace mis rodillas, temerosa, el miedo volvió a consumirme. La niña de los rizos dorados me miraba, con curiosidad, no me creería que me viera a mi, así que agaché la cabeza para esconderme de miradas que no iban dirigidas a mi. Sin embargo, algo me hizo volver a alzar la vista. La niña estaba frente a mi con intención de tocarme. Me levanté asustada y ella sonrió. Llamó a una de sus primas, a una de las hijas de mi sobrina. Esta se acercó y se puso de rodillas para estar a su altura, La niña de los rizos le susurró algo al oído y mi sobrina me miró. Me miró, pero estaba segura que no podía verme.
- ¿En serio? - Dijo volviendo a mirar a la niña. - Yo no puedo verla.
- No estoy loca, es una niña. - Dijo en voz baja señalándome.
- Te creo. - Dijo mi sobrina. - Será un hada. - Dijo haciéndole cosquillas a la pequeña esta las esquivo y me miró.
- ¿Eres un Hada? - Miré a mi sobrina y asentí. - Prima, dice que sí, que es un hada.
- Pues deseale feliz navidad. ¿A que esperas?
- Feliz navidad señorita Hada. - Dijo la joven.
- Gracias. - Dije mientras volvía a ponerme de rodillas. - Feliz navidad.

Derrumbada no pude evitar dejar caer un par de lagrimas, por todo lo que había empeorado la vida, por lo mal que encontré a mi hermano minutos antes, por  lo desgastado que estaba, lloraba por no haber visto crecer a las hijas de mi sobrina. Lloré por no recordar que me había pasado, lloré por que no quise abandonarlas, porque no quise abandonarlos a ninguno. La chica pequeña se fue de tras de un enorme perro que apareció tras de ella y mi sobrina se quedó mirándome, estaba triste, como si yo le hubiera transmitido mi tristeza. Me miraba pero no veía, sin embargo dijo algo que me desconcertó.

- Feliz navidad Tita. - Se incorporó y volvió a la mesa.

2 comentarios:

  1. Precioso T_T y triste, muy triste, de verdad, me ha encantado, sobre todo con la ambientación musical que tiene tu blog. Sigue escribiendo.

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    Respuestas
    1. La verdad que deberia haberseme ocurrido algo un poco más alegre para estas fechas, pero no soy así de triste, la tristeza en persona creo que soy. xD

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