domingo, 21 de febrero de 2016

Capitulo 2: El azul es mi color favorito.

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Capitulo 2.
El azul es mi color favorito. 


María bajo junto a mí las escaleras del colegio, se paró de golpe para atarse los cordones de su zapatilla de deporte. La espere instintivamente como hacia siempre aunque al cruzar el lumbral de la puerta del patio cada una tomaría un camino diferente. Ella se iba con chicas de otra clase y de otros cursos a jugar al futbol, en cambio yo iba a la verja que me separaba de Daniel, con Daniel. Todos los días, en el mismo lugar donde nos conocimos, desde que nos conocimos. Al llegar a la puerta del patio María me agarró de la mano y me obligó a frenar.


- Lizzy, ¿Vienes a jugar? – Era la primera vez que me lo preguntaba desde que nos conocíamos, y aunque siempre había deseado que me lo propusiera, negué con la cabeza. - ¿Por qué?

- Dani. – Dije señalando la verja.

- Siempre igual. – Dijo soltándome la mano. - ¿por qué?

- ¿Por qué… qué?

- Porque siempre estas con él.

- No entiendo. – Sinceramente no entendía adonde quería llevar. Me hizo un gesto de negación y se fue hacia sus amigas. – Pásalo bien con el prodigio.

- Lo haré. – Dije retomando mi camino.

Daniel estaba sentado donde la primera vez que le vi, pero mirando hacia la verja. Tenía la cabeza agachada y las manos ocupada con un trozo de cuerda. Parecía muy concentrado.

- ¿Qué estás haciendo? – Le pregunté mientras me sentaba frente a él.

- Una pulsera. – Alzó la cabeza y me miró sonriente, como siempre. Sonreí. – Es para ti, si consigo cerrarla, claro.

- ¿Qué has hecho hoy en clase? – Dije abriendo el bolsillo pequeño de mi mochila. Palpé varias veces dentro del bolsillo. El bocadillo no estaba. Saqué en su lugar, un papel doblado varias veces. Lo saqué. – Se me ha olvidado el bocadillo.

- Yo tengo, podemos compartirlo. – Dijo y me tendió la pulsera. – Son cuerdas de la guitarra que me compre en la feria. Hacen una pulsera muy bonita.

- Gracias. – Dije tendiéndole la mano derecha para que me la pusiera él. - Haz el favor. – Le pedí inclinando un poco la cabeza. Él se limitó a sonreír y a obedecer.

- ¿Qué es eso? - Dijo señalando el trocito de papel que tenía en la otra mano.

- Lo tenía en la mochila.

Entonces recordé el primer día que le vi, cuando le dije que no sabía leer, él subió al segundo piso para buscarme y darme una nota. Daniel soltó mi mano cuando hubo terminado de poner la pulsera. Fui desdoblando el papel poco a poco. Era aquella nota.

- Es la nota que me diste el primer día de clase. – Dije alisando el papel varias veces.

- ¿Lo leíste ya? – Me preguntó acercándose un poco más a la verja.

- No. – Dije agachando la cabeza. No puedo creerme que se me hubiera olvidado esa nota. – Se me olvido. ¿Puedo hacerlo ahora?

- Creo que es el mejor momento para hacerlo. – Le miré a los ojos, él me correspondió y me dedicó una sonrisa con picardía, parecía un niño apunto de hacer una travesura. – Léela en voz alta.

- Vale. – Miré la nota y la leí. – Me gusta mucho tu vestido, el azul es mi color favorito.

Mi vestido azul. La nota era sobre mi vestido de volantes azul. No pude evitar sonrojarme aunque el vestido ya no lo tenía puesto y ya ni siquiera estaba en mi armario. Le miré por arriba del papel. Se había apoderado de un palo y hacia círculos en la arena, pero sin dejar de mirarme y sin eliminar esa sonrisa.

- Me estas poniendo nerviosa. – Dije volviendo a doblar el papel.

- Lo sé. – Dijo sin dejar de mirarme a los ojos. – Me gusta ponerte nerviosa, te poner roja.

- ¿Y te parece gracioso? – Le tiré el trozo de papel que había doblado y él lo guardo en su mochila azul.

- Es mi nota. – Protesté.

- Es el precio a pagar por medio bocadillo. – Sacó un bocadillo de su mochila lo desenvolvió y lo partió por la mitad. – Para ti.

Acepté la mitad del bocadillo y ambos guardamos silencio mientras nos lo comíamos. Él no dejaba de mirarme y yo no dejaba de fijarme en cualquier otra cosa que no sea en sus ojos azules puestos en mí. No me gustaba que me vieran comer. Le di el último mordisco al bocadillo y lo tragué casi sin masticar.

- ¿Zumo? – Miré a Daniel que había dejado de mirarme para buscar en su mochila. – Es de piña y uva.

- Me vale. – Cuando me lo tendió lo abrí y bebí un poco. Se lo devolví. – Gracias.

- ¿Por qué te da vergüenza?

- ¿El qué? - Daniel se bebió lo que yo había dejado de zumo y guardo el cartón de nuevo en la mochila.

- Que te mire.

- No es vergüenza, es que… - Me sacudí las migas de pan que se me habían quedado en el jersey. – Simplemente me intimidas un poco, no estoy acostumbrada a …

- ¿A qué te presten atención? – Le miré a los ojos, el ya estaba mirándome cuando lo hice. Asentí.

- Supongo que es eso.

Guardamos silencio hasta que sonó el timbre para volver a clase. Me puse en pie y el hizo lo mismo.

- Mañana no vengo. – Dijo sacudiéndose el pantalón y quitándose un poco la arena.

- ¿Por qué? – Observé como se colocaba la mochila en la espalda.

- Tengo una prueba.

- ¿Cómo que una prueba? – Colgué mi mochila en mi hombro.

- Antes de que empezara la primera hora me encerré en el baño y allí me quedé leyendo el libro de Mitos Griegos que me regalaste.

- ¿Otra vez? – Pensé en voz alta, pero él no me había escuchado había sido como un susurro. - ¿No entraste en clase?

- No. – Dijo agarrándose a la verja que nos separaba.

- ¿No te gusta aprender? – Dije acercándome a la verja para escucharlo mejor.

- Sí, sabes que me encanta. – Dijo en voz muy baja, pero le escuché perfectamente. – Es que ya se sumar, por lo tanto no necesito saber los números. – Me reí. Yo también pensaba eso los primeros días de “Matemáticas” Daniel me miró y se rió también. – Ya se leer, por lo tanto me es inútil aprenderme el abecedario. – Guardamos silencio durante unos segundos, no había nadie en mi parte del patio y en la suya tampoco. Solo estábamos él y yo. – Por eso me van hacer la prueba.

- Vaya. – Dije un poco triste. ¿Qué voy hacer yo sin él en la media hora libre de mañana? - ¿Y en qué consiste la prueba?

- No lo sé, ni siquiera sé que es una prueba, pero no puedo coger ningún diccionario hasta que llegue a casa.

- Una prueba es un como un examen.

- Y un examen es…

- Una serie de preguntas que hacen para evaluarte.

- ¿Y para qué?

- Pues…

- ¡Daniel! – La voz de una profesora sonó e hizo eco en el patio, que se encontraba desierto. Daniel se despidió con la mano y salió corriendo hacia ella. Yo hice lo mismo, salí corriendo hasta la puerta.

Con la misma velocidad subí las escaleras. Llegué asfixiada a clase y antes de entrar paré para tomar aire. Conté hasta tres y abrí la puerta. Todos se quedaron mirándome.

- ¿Te encuentras mejor? – Me preguntó la profesora. Asentí, aunque no sabía porque me preguntaba eso. – Siéntate, por favor.

La obedecí en silencio. Comencé a sacar los materiales de conocimiento del medio, mientras la profesora nos explicaba la diferencia entre carnívoros, omnívoros y herbívoros. Cuando lo coloqué todo, María me paso una nota con un disimulo un poco descarado, le sonreí y leí la nota.

“Como vi que no subías le dije que te encontrabas mal y que subirías cuando te encontraras mejor”

Miré a la profesora que dibujaba un perro en la pizarra. Le di la vuelta al trocito de papel que me había pasado María y cogí un bolígrafo azul de su mesa. Me lo llevé a la barbilla y medite las palabras para darle una respuesta, leía muy rápido pero me costaba más escribir y que estas letras sean a su vez legibles.

“¿Y se lo ha creído?”

Le tendí la nota con el bolígrafo y seguí preparando mi material escolar, abriendo cuidadosamente el libro y el cuaderno. Miré a la clase para comprobar que no había hecho ruido y satisfecha miré a mi mesa de nuevo, la respuesta de María ya estaba ahí.

“Sí, eres la niña de sus ojos.”

- Lizzy. – Me llamó la profesora. Alcé la vista un poco nerviosa. – Tenemos aquí un perro, una persona y una oruga. ¿Cuál dirías tú que es el herbívoro?

- ¿La oruga? – Era obvio que era la oruga, así que no entiendo porque puse ese tono de duda.

- ¿Por qué? – Me volvió a preguntar la profesora.

- Porque come hojas. – Dije esta vez con más seguridad.

- Muy bien… - Dijo y siguió explicando pero volví agachar la mirada a la nota.

Guardé la nota y me concentre en atender a la profesora. Miré los dibujos que había en la pizarra, un perro un poco deformado, un monigote y tres círculos perfectamente trazados muy juntos, supuse que era la oruga. Saqué un lápiz de mi estuche, rosa, y comencé a trazar en mi cuaderno. Pensaba dibujar los dibujos de la pizarra pero me concentre en el perro y comencé a darles detalles. Añadí una cara de cachorrito, me salió un poco tiste, para disimularlo añadí un poco de pelo y empecé a sombrear. No tengo ni idea de sombrear dibujos. Cuidadosamente difumine un poco con el dedo, por instinto. De repente tenía un borrón grisáceo en medio de mi cuaderno de conocimiento del medio.

- Tengo que aprender. - Susurré.

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