lunes, 17 de noviembre de 2014

Ven y engórdame: Capitulo 3



Capitulo 3

El invierno llegó de pronto. Ayer no hacia frío, pero ahora estoy helada. Estoy caminando mas deprisa de lo normal. La única razón por la que seguía yendo al instituto era por la chica nueva, cuyo nombre aun desconocida y por ello la curiosidad que tenia hacia su persona era mayor, decidí llamarla “La chica de chocolate”. Ella obviamente no lo sabe. Comencé a echarla de menos cuando. La chica de chocolate proporciona un ambiente cálido a su alrededor, en palabras mas sencillas, desprende calor por todos su cuerpo y esto puede a llegar a mal interpretarse, pero no, la cosa no va por ahí. Eran las dos menos cuarto del medio día, había decidido saltarme ingles, no me quedaban ni esperanzas en esa clase. Lo que estaba haciendo estaba mal, lo sabia y me daba igual.
Crucé la carretera a toda prisa porque estaba en rojos. Soy oficialmente una malota. Mi casa se encontraba a vente pasos del semáforo que acababa de cruzar. Empecé a contar. Un paso, dos pasos, rodeo la mierda, tres pasos, cuatro pasos...
             - ¡Buenas tardes CAKE! - Chilló alguien a mi espalda. Antes de que pudiera girarme tenia a Legumbre abrazada a mi espalda.
             - Buenas... ¿Que haces fuera del instituto? - Me soltó y aproveche para mirar su esquelético cuerpo. ¿Como podía pesar tanto?
             - Podría hacerte la misma pregunta. - Se defendió.
             - Vale...Bueno hagamos como que no nos hemos visto. - Le sonreí.
Me giré y seguí contando. Cinco pasos, seis pasos, siete pasos... Legumbre comenzó a seguirme sigilosamente y frente a mi portal se apoyo en la pared y me tocó el hombro.
- ¿Qué les pasa a las Judías conmigo?
- Que las Legumbres están bastante malas solas, imagínate en compañía con las Judías.
Se cruzó de brazos mientras sus pupilas daban una vuelta mirando en todas direcciones.
- No lo sé.
- Yo creo que me han sustituido por la nueva.
Al escuchas hablar de “la nueva” la miré muy seria.
- No creo...
- Eso que desde que llegó...
- Es mas sencillo que eso, no seas tan retorcida.
- Entonces lo sabes.
Guardé silencio. Legumbre era buena chica, pero tal como lo he dicho: era. Hacia meses que venia llorando día tras días quejándose de su novio “Pipa Amarga”. Legumbre era una exagerada, siempre lo había sido y yo había aprendido a vivir con ello, pero llegó este chico y puso su vida patas arriba, ella decía no ser feliz pero tampoco hacia nada para merecer lo contrario, quiero decir, no era feliz con él pero ahí iban. Su vida desde que conoció a ese chico se resumió en estar con el, llorar contarnos sus penas decir que quiere otro novio que la trate bien y luego lanzarse a los brazos de Pipa Amarga. Bueno, seamos sinceros, ni ahora (ni luego) nos interesa la vida de Legumbre. Os resumiré el tema, ninguna amiga suya le habla. Excepto yo, yo le hablo. ¿Por qué? Porque ella se autocompasiona con demasiada frecuencia y una se cansa de decirle cosas positiva, de darle consejos para que luego no te eche cuenta y además se enfade porque no le funcionan tus consejos. Se lo diría, pero seria fabricar la tumba de nuestra amistad y llevo demasiado tiempo aguantándola como estropear lo que he conservado durante tantos años.
- No creo que “La chica nueva” tenga nada que ver en eso. ¿vale?
- Pero...
- Adiós, hasta mañana.
Entré en mi casa y cerré con llaves desde dentro. La casa estaba silenciosa. Miré al pasillo con temor de encontrarme a una silueta. Di un paso. Luego otro. No había nadie. Bien, podría acurrucarme en mi sofá, con música puesta a todo volumen y acompañada de algún libro interesante. Encendí el ordenador y puse para seleccionar la música. Busqué entre mis carpetas hasta encontrar a Panini Martín. Antes de darle a reproducir escuche un extraño ruido procedente de mi dormitorio. Fui a averiguar de que se trataba, en mi habitación no había nadie. Que estaño.
- ¿Hola? ¿Hay vida inteligente en casa?
- No. - Dijo mi hermana saliendo literalmente del armario.
- Hola, Dulce Amargo.
- Ni una palabra a...
- Si ya, ya...
Resuelto el misterio me fui a la salita donde por exactamente diez minutos logré olvidar a la chica de chocolate.

~O~

Un dulce olor a galletas recién horneadas invadió toda la habitación, trayéndome de nuevo a la vida real. Abandoné Chicago y volví a mi salita. Todo seguía igual que cuando me fui, Panini Martín seguía cantando tras mis altavoces. Puertas y ventanas estaban cerradas. ¿De donde vendrá ese olor a galletas? Mi estomago comenzó a exigir su ración. Deje el libro de “Diverchuches” sobre la mesa y me enrolle en la manta. Arrastré los pies hasta la puerta, la abrí y salí arrastrando los pies todavía. En el pasillo olía aun mas, arrastré los pies hasta la cocina, no había nadie y el olor no venia de ahí. ¡Oh no! El olor venia de la casa de Helado de Vainilla. Me asomé a la ventana de la cocina, y busqué la ventana de la cocina de Helado. Genial, ¿Con que cara me presento yo allí para pillar alguna galleta? Entonces la escuche. Escuche la risa de la chica de chocolate seguida de la risa de Helado, Piruleta y McFlurry. Habían quedado para hacer galletas. Me apoyé en el marco de la ventana y me quedé allí un buen rato oliendo las galletas, que ya se estarán comiendo.
            - Quiero comer galletas. - Susurré.
            - Me desenrollé de la manta y me puse el chaquetón.
            - Adiós Dulce Amargo.
No contestó nadie, miré el reloj eran las cuatro de la tarde, se habrá ido a clases. Mi barriga rugió. Las cuatro de la tarde y no he almorzado. Necesito galletas. No me preocupe si Dulce se había ido ya o no. Salí, cerré con llaves y …¿Como voy a presentarme en casa de Helado de Vainilla? Así, sin avisar. Sin darme cuenta había apresurado el paso. Galleta. Toda la calle huele a galletas. Cuando de repente me encontraba bajo la ventana de Helado.
          - Cuando quiero, soy bastante rápida. - dije en voz baja.
Me acerqué al portal y tendí mi dedo índice hacia el porterillo. “Espera” me interrumpí “¿Que les digo cuando me abran? Podría colarle una trola sobre que estoy haciendo una encuesta de galletas, aunque seria muy obvio que es mentira.”
Me quede ahí un buen rato planeando una coartada perfecta para explicar mi presencia en ese portal. Era amiga de Helado, pero tampoco reinaba entre nosotras una amistad incondicional y firmemente fiel, así que era algo difícil encontrar un justificante para mi presencia.
De repente la puerta se abrió y la chica de chocolate bajó los escalones de la entrada de un salto. Se quedó mirándome sin habla y yo igual. “Mierda, ¿Que digo? ¿Me esta mirando? ¿Se esta dando cuenta de que estoy aquí? Que pregunta mas estúpida, pues claro”
         - Hola, Cake. - “Mierda, me ha visto” No sé porque seguía creyendo que podía pasar desapercibida.
         - Ho-o-o-la- Dije sin parpadear. “¡Dios! ¿Que me pasa? ¿Que hago aquí de pie? Piensa una escusa rápido.”
Piruleta, Helado y Mcflurry salieron del portal por ese mismo orden. Cada una con un tupperware lleno de Galletas. Entonces me di cuenta de que la chica de chocolate tenia otro en sus manos. Otro tupperware para que no quepa duda.
         - Hola. - Dijeron las chichas al unisono.
         - Ho-o-o-la – Volví a repetir. - ¿Qué lleváis ahí? - Dije para no parecer mas idiota de lo que ya parecía.
         - eee … - La chica de chocolate miró su fiambrera. - Toma, para tu.
         - Eh. ¿Como?
         - No entiendo. ¿Para mi? Un tupperware ¿Como sabían que yo? La voz de la chica de chocolate sonó en mi cabeza “Toma, para tu” ¿Para mi? Le gusta Gru mi patata favorita, eso no lo sabia, pero... ¿Para mi?
         - Íbamos a ir a tu casa ahora. - Dijo Piruleta acercando se a mi para darme un abrazo. - Había aquí mucha curiosidad para saber donde vivías.
         - Bueno, curiosidad, - La chica de chocolate agachó la cabeza para esconder su sonrojado rostro. Tarde, porque ya me había dado cuenta.
        - Bueno... - Me comenzaba a sentir mejor, no se preocupaban por la razón de mi presencia en ese portal. Suspiré aliviada. - Genial.
        - La chica de chocolate me volvió a tender las galletas. Bueno, al fin y al cabo es eso a lo que he venido. Las cogí y abrí el tupperware. Una olor mas intenso a galletas me abofeteo la cara. Cerré los ojos.
        - Huelen rico.
        - Si, se me da bien hacer pasteles. - Dijo volviendo a inclinar la cabeza. “Y yo sin saber su nombre todavía, ¿Es qué nadie la llama?”
Me quedé con ellas el resto de la tarde, comiendo las galletas en uno de los sombríos parques de Pino Montaito. Descubrí que la chica del chocolate era aficionada a la cocina, sabia cocinar todo lo que a mi me gustaba comer. Era una adicta a la lectura cosa que ya me comentó en la charla del instituto de aquella semana, pero ahora sabia que se escondía entre las mismas paginas que yo.Compartíamos gustos y sueños y en menos de veinticuatro horas ya sabia mas de ella que de mi. 

Pero nadie pronunció su nombre en toda la tarde y una vez mas volví a casa sin saber el nombre de la chica de chocolate. 

¿Como fue para Cookie? -> Ven y estruchame.



PD: Nota para Chari. Es nuestra historia. Nosotras creamos el principio y también el final. 

3 comentarios:

  1. Me encanta el olfato de sabueso que tiene Cake. Esta en su salita encerrada y huele las galletas que se hacen en la casa de enfrente... xDD
    Comparto la congoja de Cake, no puedes presentarte en casa de cualquiera porque hueles que esta haciendo galletas, me parece útil lo de inventar una escusa para la visita. xD

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  2. Sigo esperando el capitulo 4, me voy a meter a otra partida como no la publiquéis ya. xD

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