domingo, 27 de octubre de 2013

Pequeñas Historias de un Unicornio: Abuelo.

Volví a casa y no había nadie. Deje las llaves en la mesita de la entrada y entre al pasillo. Todas las luces estaban apagadas, y nadie contestaba a mis llamadas. Encendí la tenue luz que alumbraba mi pequeño dormitorio. Palpé el escritorio en busca del teléfono. No estaba. Me agache y mire debajo de la cama. Rocky lo mordisqueaba.
- Rocky ¿que estas haciendo? - le quite el teléfono del hocico. - perro estúpido.
Llamé a mi padre, pero no obtuve respuesta. Me salio el buzón de voz. "Mierda" Marqué el número de mi madre y el resultado fue el mismo.
Solté el teléfono en el escritorio y me senté en la cama, y cerré los ojos. Sentí como Rocky se subía a la cama y se hacia una bola junto a mis pies. Sonreí y el sueño me venció y caí rendida.
Ring ring ring ring... Abrí los ojos. Miré el teléfono, mamá. Me levanté corriendo para cogerlo.
- Mamá. ¿Donde estáis? He llegado hace un rato y no había nadie.
- Kelly. - guardé silencio al oír ni nombre. Escuché un sollozo. - El abuelo...
- Mamá ¿Que ha pasado?
- A muerto, cariño.
No sabia que decir. No me esperaba esa información. No sabia que pensar y mucho menos que decir. Colgué el teléfono sin despedirme. Las palabras no me salían. Tampoco las lágrimas que deberían surgir tras la noticias eran capaces de salir.
Me levante y miré la foto familiar que tenia colgada en la pared y toqué la cara de mi abuelo. La idea de no volver a verlo me entristecía, pero no. No lo hacia. No sentía nada. Absolutamente nada. No sentía el dolor. No sentía nada.
Realmente esto tenia que pasar algún día, tarde o temprano. La imagen se emborronaba en el nacimiento de la primera lágrima y la primera muestra de dolor.
No lo asimilaba, es imposible que ayer, mi abuelo se peleara por el mando con mi abuela, para ver el fútbol, dejé escapar una leve sonrisa, y hoy ya no este y que nunca mas vuelva a estar.
Empecé entonces a recordar. Cuando era niña y mi madre no me dejaba beber coca-cola. Él  me daba buches por debajo de la mesa. Volví a reír. Eran muchos los buenos recuerdos que nunca mas podre recordar a su lado.
Perdí la noción del tiempo frente a la foto familiar de la ultima navidad. Me senté en el sillón del escritorio. ¿ Y que se supone que debo hacer ahora? ¿Seguir llorando? ¿Hacer deberes? Cogí mi diario y un bolígrafo y anoté lo ocurrido. Finalmente añadí una nota.
"Gracias, se que no te lo dije ayer, ni antes de ayer, pero gracias, me has ayudado y animado cuando mas lo necesitaba. Me has hecho reír cada vez que lloraba y aunque me has reñido todas las veces que han hecho falta, también te lo agradezco por que lo hacías por mi y con todo tu cariño. Y aunque ahora no estés, mañana te recordaré y pasado y hasta el fin de mis días, por que gracias a ti se quien soy. Te quiero abuelo."